Placa madre

Tomás Morales

LITERATURA IBEROAMERICANA

Imaginemos a un poeta que teclea sus poemas en la computadora de modo tal que poco a poco sus manos primero, luego sus brazos hasta los hombros, y así sucesivamente el cuerpo entero, se va diluyendo en las teclas, en la pantalla. La habitación queda a solas. Pero vuelve e intenta inyectar algo de sangre en una placa madre, a ver si de ese modo cobra vida propia. La coloca en una pecera y se sienta a esperar el milagro. Pero no puede evitar continuar con el tecleo, y desaparecer y volver, y así durante años.

La jerga y simbología particular de cada videojuego pueden ser una barrera para un lector no entendido. O acabar significando otra cosa. Y esto puede tratarse de un buen indicio, pero también de un estorbo. El poeta en estos casos opera como un traficante de materia verbal digital en la letra análoga. El libro está impreso, existe en la vida física. Pero su contenido remite a ese vasto territorio llamado virtualidad, inexplorado, hasta cierto punto anárquico, impalpable.

Veamos un ejemplo: “Construyamos una casa / de robles y abetos cúbicos // veamos cuán infinita es en realidad / la aritmética que soporta el mundo”. Si uno desconoce el videojuego Minecraft corre el riesgo de interpretarlo en la vida física y perder cierto brillo. Si bien el malentendido muchas veces potencia al poema, puede también correr el riesgo de la ilegibilidad. Veamos otro en el que, a pesar de ignorar la referencia del videojuego, se nos ofrece un buen sabor en las orejas: “tú y yo flotábamos abrazados a un globo / como una gaviota impulsada por el viento marino / desde la estratósfera veíamos pasar las etapas del mundo / 5000 años transcurrían a 30 cuadros por segundo”.

A diferencia de la Alt Lit, donde la referencia tecnológica se centra en sus usos, la operación de Tomás Morales en Placa madre es la de una ciudadanía media entre lo virtual y lo físico. El poeta escribe con una mitad del cuerpo en el videojuego y la otra fuera, conformando un diafragma que hace de cada poema una especie de cápsula anecoica, aislados unos de otros, microclimas que evalúan su propia simbología y comprensión. A pesar de ser un libro de temática única (la tecnología), cada poema es un mundo. No hay noción de continuidad. Es una colección de poemas. Y esto recuerda a las placas madres, algo así como pequeñas ciudades observadas por un dron. Sin embargo, los dispositivos que las cubren (distintos nombres: zócalo de CPU, ranura, SW, IDE) no se tocan. Están aislados.

 

Tomás Morales, Placa madre, Overol, 2021, 64 págs.

 

29 Dic, 2022
  • 0

    Cadáver

    El Monstruo de Nueve Cabezas

    Federico Correa Pose
    1 Oct

    El cadáver exquisito es un juego que los surrealistas inventaron en los años veinte para romper con las convenciones artísticas de la época. La premisa es simple:...

  • 0

    Una exposición

    Ieda Magri

    Gustavo Toba
    20 Ago

    En el ensayo “Del culto de los libros”, Borges rescata de las Confesiones de San Agustín el momento en que el filósofo observa por primera vez a...

  • 0

    Corazón de carne y hueso

    Raúl Ruiz

    Nicolás Merino
    6 Ago

    El cineasta chileno Raúl Ruiz (Puerto Montt, 1941-París, 2011) llegó a filmar más de un centenar de películas, algunas de las cuales siguen inéditas y alimentan el...

  • Send this to friend