El affaire Miu Miu
“Poner en palabras”, nos recuerda Bernard Noël en su Diario de la mirada, “consiste en proyectar el mundo en la intimidad”. Siguiendo esta línea de sentido, este “poner en palabras” por parte de Fátima Pinheiro, uno se topa en Sí, es con un terreno único donde el lenguaje, más que un vehículo de representación, se convierte en un fenómeno vivo en sí: se “es”, precisamente, porque aún subsiste algo vital. Esta frase de cabecera encarna un conflicto profundo con el significado convencional: resquebrajando la estructura interna del ser, desafiando el control metódico y aséptico que tradicionalmente se impone al lenguaje, se llega a una nueva cota de la representación. A su vez, en sus koans o tankas, el lenguaje se muestra desnudo, crudo, enfrentándose a lo contingente, lo inesperado, pero al mismo tiempo, creando la sensación de estar frente a una presencia constante: “él y yo teníamos / el aroma de las retinas en las manos / que los ojos de agua // ardidos por el aguacero del espeso mar / blandían”. El empleo deliberado de estas afirmaciones paradójicas se vuelve un contragolpe del lenguaje, enfrentándose a la gramática, rompiéndola como en una alocada sesión de jazz (gran recurso de fondo y forma a lo largo de Sí, es). Para la autora, cuanto más rápido fluye la escritura, más clara se vuelve. Sin embargo, cuando la elección de palabras se detiene y el pensamiento se demora, se pierde esa claridad prístina. También sucede en poemas como “un día en la vida de Kafka”, “quizás”, “¿la vida es un sueño?”, es decir, los primeros de la serie, que no logra soltar la mano del todo y recurre, para contrarrestar la falta de flexibilidad formal, a una toponimia algo gastada, como lo son la patria literaria de Borges o del autor checo antes mentado. Lo que resalta del conjunto es que en ningún momento se busca el preciosismo o la galantería en el uso de las palabras, no hay acceso a lo bello o lo correcto; se trata siempre de una auténtica alegría que hace al uso cotidiano del lenguaje. Por su parte, la traducción de José Ioskyn se presenta a su vez clara, diáfana, siguiendo de cerca los ritmos y la respiración danzante de la lengua portuguesa.
Con todo, Sí, es trabaja con la sobriedad propia del amanuense, del poeta que escucha el eco de un sentir lejano, no sacrificando por supuesto la elegancia que reviste la naturaleza de las cosas de este mundo, concertando que su escritura es, al fin y al cabo, una afirmación continua de lo vivo.
Fátima Pinheiro, Sí, es, traducción de José Ioskyn, Paradiso, 2024, 128 págs.
En otro tiempo, en un taller, María Moreno asociaba la escritura de crónicas con la disposición de estar frente a una feria: atención, espacio para la sorpresa,...
En las novelas de Valeria Luiselli hay siempre un espejo autoficcional, un desplazamiento, saltos temporales y alguna presencia espectral. No es la excepción Principio, medio, fin, en cierta forma...
La escritora boliviana Giovanna Rivero sitúa su novela más reciente, Alma oscura del alba, en una reserva indígena del suroeste de Estados Unidos. Este desplazamiento le permite...
Send this to friend