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Un corazón demasiado grande

Eider Rodríguez

LITERATURA IBEROAMERICANA

Entender un libro no basta para comprender su éxito. Así, la notoriedad reciente de la escritora vasca Eider Rodríguez tiene que ver, además de las cualidades intrínsecas de Un corazón demasiado grande, con tres factores relacionados con el ecosistema literario en el que aparece.

En primer lugar, hemos de entender que se viene tras el apabullante éxito del best seller sobre el conflicto armado vasco y sus consecuencias, Patria (2016), del escritor también vasco (aunque afincado en Alemania desde hace muchos años) Fernando Aramburu, que sirvió para dar una forma literaria —y en castellano— de alcance masivo a ese sufrimiento y abrió paso para otras narrativas menos políticas. En segundo lugar, el libro se aúpa en el interés creciente del público lector español por escritoras traducidas al castellano, cuyos libros han sido escritos originalmente en lenguas minoritarias (como, por ejemplo, las escritoras catalanas Marta Orriols y Eva Baltasar o las escritoras en lengua gallega Ledicia Costas y Iolanda Zúñiga). Por último, aunque no menos importante, Un corazón demasiado grande se beneficia de lo que ya en 2013 reclamaba otra escritora vasca, Karmele Jaio: que las obras de mujeres escritas en vascuence eran necesarias “para completar una literatura con el punto de vista de las mujeres”.

A todo ello se le ha de unir el marchamo de calidad que significó el Premio Euskadi de Literatura y Euskadi de Plata 2008 para este libro, y el músculo promocional que prestó Penguin Random House para el lanzamiento de esta traducción al castellano del libro de Rodríguez, escrito originalmente en vasco.

Un corazón demasiado grande son, en realidad, dos libros: uno breve, de título homónimo, compuesto por seis cuentos y apenas ciento nueve páginas. Y un segundo volumen que funge de recopilatorio de catorce relatos de entre los más destacados de su producción anterior (que ya había sido publicada, empero, en castellano en Ttarttalo, 451 Editores y Caballo de Troya, por lo que stricto sensu no es descubrimiento sino más bien un rescate). Ciento sesenta y cinco páginas en total tiene esta segunda parte.

Los relatos de Un corazón demasiado grande comparten un código realista, y es fácil reconocer ahí la contención de los grandes minimalistas norteamericanos, pero también una ambición moral, en el sentido de la creación de un espacio de moralidad nueva, el de las “mujeres cómodas en su imparcialidad” a las que se las obliga a salir de ahí y tomar partido. Esta es, sin duda, la clave del libro (y su mayor valor).

Todos los personajes se ven forzados a transitar fronteras de las que, cuanto menos, recelan y que, paradójicamente, más que servir como puente para reconectar con los otros, les sirven para (re)conocerse a sí mismos. De ahí la extraña —y efectivísima— moralidad boomerang de estos relatos. Pues el hecho de transitar esos espacios de incomodidad revela su tragedia fundamental: su incapacidad de sentirse excepcionales, expresada esta tara a través del estilema más potente de toda la poética de Eider Rodríguez, la dificultad de manejar las emociones con normalidad.

Esta misma idea de los sentimientos escondidos y el dolor de la cercanía física está ya en muchos de los relatos previos de Rodríguez (más ingeniosos y de fricciones menos enigmáticas), que le sirven al lector, de cualquier forma, para hacerse una idea de los diferentes bosquejos que ha venido trajinando la escritora hasta llegar a la brutal pulcritud de Un corazón demasiado grande, un conjunto de relatos en los que podemos ver a una serie de personajes esforzarse denodadamente (y en su mismo ahínco doloroso está la belleza de la vida) por estar a la altura de las expectativas ajenas.

 

Eider Rodríguez, Un corazón demasiado grande, Literatura Random House, 2019, 288 págs.

30 Ene, 2020
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