OTRAS LITERATURAS

¿Se puede reconocer la diferencia entre un estilo y un recurso?

Afirmar que el Oulipo es, par excellence, el teatro de operaciones recursivas de la lengua francesa es caer en un lugar común, pero ¿qué ocurre si leemos bajo esa misma premisa, es decir, bajo el influjo de un artefacto que crea relato a partir de una operación, a Bernhard o a Sebald? ¿Sería acaso esto rebajar sus dones?

Distinta es la situación de aquellos escritores que se valen de la écfrasis para insertar sus percepciones estéticas: lo que se concibe entonces es un compendio que obedece, menos a un programa prefijado, que a la emotividad que sugiere el instante perceptivo.

En la Argentina existe una línea imaginaria que une a Juana Bignozzi (Las poetas visitan a Andrea del Sarto) con Francisca Lysionek (Orfebrería, sirenas y papayas), en la cual la preocupación por el develamiento de los mecanismos pictóricos es evidente, aunque jamás se ha resaltado que en ambos casos las poetas adoptan la visión de la obra, describiéndose a sí mismas para crear de esta manera un objet voyeur que ayude a desnudar ese “algo en vos más que vos” que siempre se escapa a la propia subjetividad.

En Ágora, de la portuguesa Ana Luísa Amaral, nos topamos, por el contrario, con una factura que obedece al mandato ecfrástico, aunque ubicado en una posición au-delà de la autopercepción, como si se tratase de un mercado abierto al comercio de figuras dispersas (el ágora griega) cuyo único punto de unión resulta ser el capricho de la autora. En ningún caso se evidencia cierta linealidad o progresión en la serie poética, ya que a un cuadro como Cena de Emaús de Caravaggio (1606) le sigue el de Jacob luchando con el ángel de León Bonnat (c. 1876) y más adelante se nos aparece el Francisco ofrece su manto al pobre, de Giotto (1296-1300). Distinto, sí, es el encuentro frecuente de situaciones de corte religioso (El sacrificio de Isaac, Adán y Eva, La resurrección de Lázaro), que van creando un Atlas Mnemosyne del tipo clásico, rozando lo barroco.

La composición poética, por otra parte, resuena ligera, quizá como contraste al frecuente chiaroscuro de las obras escogidas. De la Magdalena penitente de Georges de La Tour sólo alcanza a recitar un puñado de versos: “aun así, / intentar // rectificar / el sol: // un cobijo / interno / para el corazón”, y de La muerte de Caín de George Frederic Watts enuncia que “Antes ser todo y libre / que bueno pero humilde // Así pensó entonces // y actuó // Y el oriente le fue destinado: / tierra de mil castigos / y difíciles cosechas; y de más / sudor // Sólo después descubrió / que allí el sol nacía / y que podía hablar de / todo // Pero ¿con quién?”. Sólo cuando el fresco se torna luminoso decide expresarse con mayor rigor, haciendo que la respiración se prolongue hacia un punto de fuga infinito. ¿Será posible entonces afirmar que en Ágora se está frente a la ejecución de un estilo o simplemente frente al arreglo de un recurso?

El espectador será quien tenga la última palabra.

 

Ana Luísa Amaral, Ágora, traducción de Martín López-Vega, Sexto Piso, 2023, 188 págs.

16 Ene, 2025
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