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Autobiografía de mi madre

Jamaica Kincaid

OTRAS LITERATURAS

A los 70 años, la dominiquesa Xuela rememora su vida desde el instante de su nacimiento, el mismo de la muerte de su madre. En retrospectiva y en primera persona, Xuela cuenta la historia de esa ausencia, filtrando los acontecimientos por su punto de vista, incluso los dichos de los demás. Lo hace con una voz cruda, irónica y a la vez lírica, que Inés Garland traduce de forma hermosa. “Mi madre murió en el momento en que nací”, se repite como letanía poética y como ejercicio de profundización, mientras la voz narradora reconstruye los hechos y opina sobre lo que pensaba antes. Su vida refleja la experiencia colectiva de la colonización y esclavitud caribeña. A la ausencia de la madre, que era carib, “un pueblo en vías de extinción”, derrotado por la conquista, se le suma el desamor del padre, hijo de un escocés y una africana (nadie podría saber de qué país), que trabaja como carcelero, parangón del cipayo, y se enriquece explotando a desvalidos. De ahí que uno de los pilares de la novela sea el cuerpo de Xuela, que no quiere arriesgarse al amor o a pretender felicidad y se aferra al goce, a lo que puede controlar aun con el costo de amputarse emociones, incluso, en resonancia con el título, el de ser madre y así abortar la futura generación.

Consideremos que la isla de Dominica fue ocupada por Francia en el siglo XVII y un siglo más tarde por Gran Bretaña. La lengua local es el patois ―derivado de un francés que no se comprendería en Francia― y el inglés es el idioma oficial, el de los vencedores. “Los carib habían sido derrotados y después exterminados, arrancados como los yuyos de un jardín; los africanos habían sido derrotados, pero habían sobrevivido”. En la novela, la escuela es un territorio de entrenamiento sobre las sutilezas de la colonización: lo primero que Xuela ve allí es un mapa del Imperio Británico. La maestra, del pueblo africano, encuentra en eso una fuente de humillación y autodesprecio.

La voz narradora también muestra la superposición cultural resultante de la colonización, que a la protagonista le provoca la ansiedad de conocer su identidad. Por ejemplo, muy al principio de la historia, Xuela niña y un grupo de compañeros ven una mujer desnuda bañándose en el arroyo que tienen que cruzar camino a la escuela y uno de los niños se ahoga por alcanzarla. Para esos niños, la historia entra en el reino del mito, “como el parto de una virgen u otros milagros de ese tipo”, dentro de lo real-mágico. Xuela creyó y siguió creyendo en esa aparición y lo hace al modo de un palimpsesto que fusiona los mundos físicos y metafísicos, como sucede en El ancho mar de los Sargazos, de Jean Rhys. Aquí recién conocemos el nombre de la protagonista en su adolescencia, cuando sale de una depresión después de un abuso. “Mi nombre es Xuela Claudette Richardson…; pero ¿quiénes son esas personas?”. Cada nombre es una herencia cultural diferente: “Llegué a conocerme y eso me asustó”.

 

Jamaica Kincaid, Autobiografía de mi madre, traducción de Inés Garland, La Parte Maldita, 2021, 192 págs.

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