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Bocetos de natación

Leanne Shapton

OTRAS LITERATURAS

Tal vez la vida no sea sino una sucesión de momentos de intensidad variable, menos un relato que una colección de postales o acuarelas. Unidades que condensan estados de perplejidad, cambios en los estados de las cosas y mundos paralelos, algo inconexos, como el cambio de los cuerpos, las sensaciones y la visión del mundo cuando se sumerge uno en una pileta o estanque, y después, cuando saca la cabeza fuera el agua, y vuelve a sumergirse.

En ese vaivén cambian los colores, los olores, los sonidos, las figuras. Cambia el cuerpo, su movimiento, su respiración. Y entre un estado y otro pasa el tiempo, con sus respiraciones y ritmos. La rarefacción, el reflejo, la licuefacción de la mirada permiten ampliar, desde ese lugar, las perspectivas.

Leanne Shapton fue nadadora durante muchos años. Competitiva. Llegó a clasificar para preolímpica. Después dejó. Devino artista. El libro reúne algunas de esas experiencias, en un conjunto de prosas cortantes, bellas, de una precisión deslumbrante. Canadiense, de clase media no muy pudiente, cuenta los entrenamientos, las piscinas, esa extraña juventud disciplinada (“Pienso en la contundencia de la idea de que, en mis tiempos de nadadora, estaba constantemente dolorida”), y retazos del presente que se mezclan con esos recuerdos como barajas de un mazo extraño.

El efecto del conjunto de textos y piezas plásticas, en color o blanco y negro, como acuarelas o fotos de trajes de baño, óleos o acrílicos, hacen del libro un objeto especial, sensorial y reflexivo a la vez, que nos sumerge, como lectores, en una experiencia única. Por ejemplo, las acuarelas abstractas que representan, si es que cabe aquí la palabra “representación”, olores. El olfato se quiere escapar de la atrofia del cloro y se vuelve sutilísimo, como la escritura que escapa de la rigidez del entrenamiento, pero persiste en su uso del tiempo justo, la frase prístina, la falta de agregados superfluos. Una idea de aerodinamia para navegar estas aguas: no hay sentimentalismo, tampoco es un diario, no son exactamente recuerdos o rememoraciones, sino presentes de sensación; así el texto desdibuja los límites entre una especie de poesía objetivista, la descripción atenta al detalle y una prosa de ensayo con destellos de autobiografía (no narcisista). El trabajo fundamental parece haber sido el del encuadre y el recorte: cada prosa un cuadro trabajado como objeto y exterioridad respecto del sí mismo, aunque hable de sí. No hay conmiseración cuando constata que se ha dado y se ha cercenado, en la disciplina de la natación, los mejores momentos de una vida, cuando el amor raya con el odio y el placer con el deber, sea eso la natación, con sus durísimos entrenamientos que conllevan dolor, aislamiento, una vida altamente disciplinada con poco tiempo para devaneos juveniles, o cualquier otra causa (de deseo) que se abrace en una vida, con sus vaivenes (libidinales, amorosos, laborales). Al mismo tiempo que busca responder una pregunta crucial: ¿qué hacer con el dolor?

Destaca la falta de tragicidad con que se recorren las experiencias de pubertad, que sin embargo subraya las impresiones de inadecuación, soledad y perplejidad. Como un registro lúcido que busca en esa misma exactitud, entre un vaivén entre el afuera y el adentro pautado y mediado por usos y costumbres de la época (la ropa de entrenamiento, las bandas que se escuchan, los alimentos y golosinas preferidos), dar cuenta de la potencia de la experiencia, entre la singularidad y la pertenencia a un grupo, una clase, una cultura, en las que Shapton encuentra y crea los lazos entre el deporte y el arte: “La disciplina artística y la disciplina deportiva son parientes cercanas; requieren lo mismo, una práctica nada especial: tediosa y oscuramente invisible, privada e íntima pero siempre sagrada” en las que “uno siempre tiene que empezar otra vez”.

Si pensamos el texto desde esa tensión que es el estilo cuando está logrado, tenemos la certeza de que la traductora no podía ser otra que Laura Wittner: el resultado es exquisito y muestra, una vez más, que una gran parte de lo mejor que se está escribiendo está en una zona de indefinición entre géneros, cuidadosamente dosificados y trabajados, entre lo poético y lo prosaico, el ensayo y lo autobiográfico, la percepción de los sentidos y la autorreflexión.

 

Leanne Shapton, Bocetos de natación, traducción de Laura Wittner, Blatt y Ríos, 2022, 336 págs.

31 Ago, 2023
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