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Cabezas y vientre

Riichi Yokomitsu

OTRAS LITERATURAS

La primera línea del primer cuento habla de un tren que avanza rápido a mediodía mientras las estaciones quedan atrás como piedras a las que nadie, ciertamente no el lector, debería dar importancia. El protagonista de Cabezas y vientre es eso que se agita dentro del vehículo, una potencia que incluye a los pasajeros sin limitarse a ellos. Aunque la trama acabe truncando el viaje en favor de un derramamiento de bilis suburbana y la consecuente ilación simbólica —cabezas adultas que reclaman, el vientre de un niño hinchado de canciones—, la fuerza del comienzo ya no podrá ser detenida. Riichi Yokomitsu sabía lo que estaba diciendo cuando lo escribió: el año era 1924 y la tempestad de cambios con la que el siglo XX acechaba Japón se vertía sin pausa sobre todos los habitantes y espacios comunes del país.

Nacido en 1898, Yokomitsu cofundó la revista Edad Literaria, cuna frágil del modernismo japonés y embrión de la shinkankaku-ha, o escuela de las nuevas sensaciones, movimiento que emuló al vanguardismo europeo en la caza metafórica de las innovaciones que traían los adelantos tecnológicos y la corporeidad múltiple que estaba ganando las ciudades. Décadas después, mientras Japón se abrumaba frente al esfuerzo reconstructivo, inhumado el ardor futurista bajo la ruina posnuclear, otro pope de la escuela, Yasunari Kawabata, preparó para el funeral de Yokomitsu una elegía de amplitudes moduladas: “Tus huesos también se quebraron con esta nación rota. ¿Cuánto lastimaron esta guerra, y la derrota, a tu mente y a tu cuerpo?”.

Cabezas y vientre —ahora hablamos del libro— presenta siete relatos breves de uno de los grandes renovadores de una literatura dispuesta a empatar el ritmo de todo lo demás. El cuento que más explícitamente continúa la marcha del tren inicial quizás sea “Siete pisos de ejercicio”, que registra la circulación de un heredero por los departamentos de un gigantesco centro comercial. En cada piso, una mujer aguarda por galanteos y billetes; entre ellas siete se compone el Frankenstein de un cuerpo-edificio que condensa erotismos e insatisfacciones bajo capas de éxito material y perplejidad identitaria. Las otras narraciones son más afines al fresco que entregó en 2019 la publicación local de La primavera llegó en un carro tirado por caballos, colección de cuentos de Yokomitsu en el que Cabezas y vientre se espeja sin disimulo. Trazas del relato homónimo del primer libro se encuentran en “Pensamientos sobre un jardín florido”, donde un marido se revuelca en las emociones confusas y desoladoras que le despierta la agonía de su mujer en un hospital de pulmones. “Pájaro” remeda el estudio del triángulo que el autor acometió en “Máquina” —ambos textos producidos en 1930—, aunque en este caso la mirada explora las fricciones que se deparan dos geólogos y una mujer en una lidia que, más allá del satori final, se olfatea interminable. “En la profundidad del pueblo” y sobre todo “El chico del que todos se reían” desnudan la asfixia utilitaria. Mientras que para un diletante una colina puede ser un último refugio contra la expansión urbanística, el misticismo de la infancia ya ni para refugios tiene: lo que relumbra al fondo del misterio es el grillete de las necesidades atendidas.

La colección se cierra con “Monte Hiei”, paisaje de unos ritos antiguos que el criterio turístico congestiona y a la vez ahueca. Son los frenesíes de la transición. Hace casi un siglo, Riichi Yokomitsu vislumbró la ola y supo que ponerse a resguardo no sólo era inútil, sino también infecundo. La valentía estaba en abrir bien los ojos y enumerar las consecuencias de la inundación, el mapa de un nuevo delta cuyo dibujo se completaría incluso antes de que el agua se aquietara.

Riichi Yokomitsu, Cabezas y vientre, traducción de Masako Kano, Mariana Alonso y Maia Worsnop, También el Caracol, 2022, 136 págs.

10 Nov, 2022
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