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Dar la vuelta a la piedra

Markus Hediger

OTRAS LITERATURAS

¿Caben “novedades” en materia de poesía? La de Markus Hediger ayuda a responder que sí: lo nuevo, por inesperado y original, se desvela con intensidad en sus poemas. De pronto, de cada página brotan palabras que sin dejar de ser de todos los días se abrillantan. Uno las escucha tremolando: ha sabido capturarlas y devolverlas renacidas al espacio común del canto. Sus versos proveen instantes de alegría y zozobra, amplificados por la lectura y la recitación. Contribuye al efecto final su nivel retórico, gruesos hilos tramados en el telar de vida y obra, en su caso difíciles de separar. En los textos de esta antología se advierte una maceración lenta, caso del tanka que tardó cinco años en componer: “El canto del reloj / se mezcla con el canto de las agujas. / Mina, tejiendo, // está sentada junto a la ventana, / en su mirada las estaciones”. Como peces, irrumpen aquí y allá vocablos libres que no dejan de transmitir sentimientos comunes, silvestres: la casa de la infancia, tías ancianas, el amigo para él nunca del todo muerto. La captura de Hediger es cautelosa y se mide por su autoexigencia: antologa cuarenta años de trabajo en menos de setenta poemas, uno por semestre. Su caso recuerda a Matsuo Bashô. El suizo se empeña en ofrecer los suyos sin énfasis, casi en silencio, apenas destellos de una vida callada y fértil. De a poco el lector descubre el secreto de esa poesía: la aparente banalidad de lo narrado despierta la excepcionalidad del lector. Y este gana en hondura.

Anclado en la cultura suiza alemana, Hediger ha compuesto toda su obra en francés. Así, su poesía tiene dos raíces, gala y germana. La alemana provee su actitud de paciente observación. Igual que Paul Celan, el gesto de Hediger se orienta a lo esencial, en buena medida atemporal. Se expone cada vez a “los cuatro elementos primordiales”, lo explica en nota de autor. Pero no los considera ocasión o figura de una irremediable pérdida, como en cambio sentía el de Chernivtsi. Hediger narra las pequeñas ganancias del carpe diem: escenas de la calle, encuentros fortuitos, los pasos en la nieve, aquel tranvía. La esencialidad viene a ser su forma de despojo: lo que nos sale al paso sigue su camino y está destinado a perecer. A la vez, cada cosa “tienes que hacer que ocurra”: creo que lo busca guiándose por este adagio de Diderot. ¿Cómo explicar entonces que escriba en francés? Para Hediger, el genio de esta lengua radica en su componente sonoro. Es un buen escucha de la palabra. En cada verso su poesía ensaya metamorfosear sonidos en breves piezas de cámara. Así impide cualquier deriva hacia divagaciones filosóficas. Las conoce, claro, pero no se arrima a las metafísicas de Saint-John Perse o Kierkegaard. Su poesía recuerda más la deriva de Rimbaud o el talante de Yves Bonnefoy. Como aquí: “Cuando empieza a nevar / me aferro a las sílabas / que me arrastran a través de un pozo en ese país lento maravillado donde / todos los caminos van a la casa de la madre”.

Los poemas de Hediger se presentan como narraciones. Minúscula cada una como las de Monterroso, penetrantes como el trabajo de un “bicho bolita” (cloporte), animal con el que el poeta se identifica en un conocido verso. “Cada uno de mis poemas cuenta una pequeña historia”, comenta. Al punto de forjar un neologismo para caracterizar lo que hace. Ni pameo o meopa, a lo Cortázar. Ni proême, según prefiere Francis Ponge. Su aglutinación tampoco aceptaría ser un embutido de ángel y bestia, dicho con el humor rugoso de Nicanor Parra. Hediger prefiere romésie, entrelazamiento de roman y poésie: “Aquella tarde de noviembre, en la esquina de la calle / bajo mi casa, caída la noche, / me detengo a mirar ese casi / nada de las tres viejas robinias / eutanasiadas esa misma tarde… “

La edición de Animal Sospechoso es bella y clara, como acostumbra. Muchas traducciones se deben a críticos y poetas latinoamericanos. Orna el libro un espléndido prólogo de Edgardo Dobry. En suma, un libro lleno de atractivos.

 

Markus Hediger, Dar la vuelta a la piedra, prólogo de Edgardo Dobry, traducciones de José Aníbal Campos, Sara Cohen, Juan Goldín, Rodolfo Häsler y José Luis Reina Palazón, Animal Sospechoso, 2021, 130 págs.

10 Jun, 2021
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