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El gato que venía del cielo

Takashi Hiraide

OTRAS LITERATURAS

En 2001 se publica en Japón Neko no kyaku, novela de un tal Takashi Hiraide. Rápidamente se convierte en un éxito y al año siguiente se traduce al inglés y al francés, engordando así aún más su destino de best seller. Hace pocos meses se publicó su primera traducción al español.

Japón, finales de la década de 1980. Un matrimonio que orilla los treinta y pico alquila una pieza en una especie de conventillo (“pabellón”, dice la traducción) que los dueños de una casa grande mandaron edificar aprovechando la extensión de su magnífico jardín para así obtener una renta. Como el matrimonio joven no ha logrado tener hijos y ha renunciado a ellos, se adecúa a una de las cláusulas del contrato, que impide que allí habiten niños o mascotas. Sin embargo, los gatos del barrio suelen saltar por encima del muro y entrar al jardín sin mayores inconvenientes para deambular por las instalaciones. En especial un gato, uno muy lindo, callejero, que el hijo de unos vecinos adoptó y que rápidamente se gana el cariño del matrimonio.

El marido escritor comienza a anotar las gracias de ese gato misterioso que va y viene por el barrio como se le da la gana y el modo en que empieza a alterar felizmente la rutina del matrimonio. Tiene bastante tiempo libre para hacerlo, no sólo por carecer de descendencia sino porque acaba de renunciar a su trabajo como redactor en una editorial para dedicarse enteramente a escribir sus propios papeles (como hizo en su momento el propio Takashi Hiraide).

La novela escrita en primera persona se asemeja por momentos a un poético documental filmado en cámara lenta acerca del gato y del paso de las estaciones por el jardín. En un primer juicio apresurado, se podría decir que allí radica el éxito comercial de la novela: esta lograda poética interpela fácilmente a aquellos que tienen o han tenido una especial adoración por estas mascotas, lo cual también podría ser su propia trampa si el libro cae en manos de lectores a quienes lo felino les causa indiferencia o alergia. Pero debajo de la abierta celebración de la mascota se empieza a colar la tristeza del matrimonio sin hijos por su incapacidad de echar raíces profundas en alguna parte. La casa alquilada y amueblada, que aprendieron a querer como propia, debe ser abandonada cuando el precio del terreno se dispara por un codicioso boom inmobiliario. Y para colmo, cuando aún falta un tercio para terminar la novela, al gato (que no se dejaba cargar ni acariciar) lo atropella un auto.

El gato que venía del cielo es una interesante reflexión acerca de la fragilidad del hombre y sus propiedades. Nadie ni nada puede asentarse en el mundo: ni el trascendental emperador Hirohito, que ya comenzó a escupir sangre, ni la casa que espera ser demolida, ni el gato libre del barrio, ni los hombres y sus construcciones y sentimientos. Sólo la naturaleza inanimada es la verdadera dueña, la que pasa y vuelve con su matemática perfecta, en esta novela intensa y austera.

 

Takashi Hiraide, El gato que venía del cielo, traducción de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés, Alfaguara, 2014, 160 págs.

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