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Medida por medida (la culpa es tuya)

William Shakespeare / Gabriel Chamé Buendia

TEATRO

La innegable vigencia de Shakespeare se evidencia en la cartelera argentina año tras año con las múltiples puestas que se inspiran en su obra. Medida por medida (la culpa es tuya) resulta un claro ejemplo de esta presencia ya no vernácula, sino mundial. Aún más, en la versión de Gabriel Chamé Buendia, la tragicomedia parece haber sido escrita después del último 10 de diciembre en Argentina. Sobre lobos con piel de cordero, sobre el poder y su abuso, sobre la misoginia y la pérdida de valores éticos, sobre la culpa y la moral, sobre todo esto la obra habla y se acatualiza en la puesta.

Después de una década de éxito de Othelo (termina mal), esta transposición de otra de las piezas del dramaturgo inglés a cargo de la troupe comandada por Chamé Buendia expande y ahonda los recursos teatrales empleados en la primera. Matías Bassi, Nicolás Gentile, Elvira Gómez, Agustín Soler y Marilyn Petito despliegan su plasticidad física (de una ductilidad asombrosa) a la vez que brindan carnadura a unos parlamentos que con 420 años de antigüedad atestiguan que los dilemas humanos poco han cambiado.

La puesta en escena ―desenfrenada, intempestiva― conjuga, evitando todo atisbo de solemnidad,  la magia con lo mejor del clown, la tecnología digital con paneles rudimentarios de los que la misma obra se mofa, la tragedia con la comedia. El “estilo Shakespeare”, una vez más, no solo habilita, sino que potencia el “estilo Chamé Buendia” en el que las disciplinas se entremezclan en pos de transmitir al público una experiencia gozosa. En esta poética, los cuerpos performáticos son capaces de todo: se los dobla, estira, quiebra, achica o agranda, y los objetos cobran vida: un sillón devora a quienes se le acercan y unos barrotes de celda se convierten en figuras danzantes. Existe entre esta versión de Medida por medida y el cine una indudable filiación, en particular con la slapstick comedy que, a su vez, era heredera del teatro de variedades. La maleabilidad de los cuerpos y el dominio total de los elementos de la escena son recursos heredados de la tradición de la comedia física y recuerdan la versatilidad del gran  Buster Keaton.

Más allá del entrecruzamiento de artes o, en realidad, por esa misma razón, la especificidad teatral está hábilmente trabajada en todas sus posibilidades. Aquello que hace único al teatro, su famoso “convivio”, es traído a escena, cuestionado, ironizado. Ese “estar ahí” se pone en tensión con el uso de la pantalla y con la cámara con la que los personajes se graban proyectándose a una escala ya no humana. La interpelación al personaje constituido por el pueblo/público es constante (se cuela aquí el famoso adagio shakesperiano: “El mundo entero es un escenario. Y hombres y mujeres solo son actores”) y se reitera el chascarrillo sobre el “teatro participativo”. En un solo movimiento, los trucos no se ven y, al mismo tiempo, son mostrados mientras se declama “que no se vean los trucos”. Así la puesta reflexiona sobre la experiencia teatral y sobre sus propios procedimientos. Ver y hacer como si no se viera: la ontología de las artes dramáticas. Guiños políticos, guiños estéticos, guiños poéticos salpican por igual el decurso de la intriga. Más que insinuaciones se constituyen de esta forma en declaraciones de principios.

En Shakespeare, es sabido, el tema del poder lo tiñe todo; el cómo se actúa cuando se detenta ese poder sobre otros y otras es una sus preocupaciones constantes. Esta obra no es la excepción y en ella se reflexiona sobre el abuso y sobre la injusticia impartida desde una posición de privilegio. Ya desde su título Medida por medida se interroga al respecto, puesto que retoma el famoso sermón de Cristo: “No juzguéis para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis, seréis juzgados; y con la medida con que midáis, se os medirá”. Sobre lo contemporáneo, Giorgio Agamben planteó que aquello que pertenece en verdad a su tiempo “no coincide perfectamente con él ni se adecua a sus pretensiones y es por ello, en este sentido, inactual”; sin embargo, ese anacronismo le permite, a diferencia de otras manifestaciones, “percibir y aferrar su tiempo”. Escrita en 1604 y recreada en 2024, Medida por medida no es actual, es profundamente contemporánea.

 

Medida por medida (la culpa es tuya), traducción, adaptación y dirección de Gabriel Chamé Buendía, Teatro Sarmiento, Buenos Aires.

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