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Las aves llevan décadas extinguiéndose en dos planos simultáneos: el del mundo y el de la palabra. Es la hipótesis que vertebra La república de los pájaros. Aves en la literatura latinoamericana, el ensayo con el que Niall Binns, catedrático de Literatura Latinoamericana en la Universidad Complutense de Madrid, inaugura la colección Coraquenque de Guillermo Escolar Editor, dedicada a las conexiones entre las aves y las letras del continente. En la nota preliminar, Binns recuerda que los poetas cumplen en nuestra época un papel equivalente al de los canarios en las minas de carbón: dado que las aves figuran entre los indicadores ambientales más sensibles a la crisis ecológica, quienes escriben sobre ellas nos advierten de un peligro que ya ha comenzado.
Binns parte de la noción de competencia lingüística de Noam Chomsky y de su extensión literaria propuesta por Jonathan Culler para introducir la categoría de competencia ornitológica, un saber sobre las aves que los escritores contemporáneos deberían poseer para no atentar contra la biodiversidad de sus textos. Las traducciones al español de Al faro de Virginia Woolf, en las que se elimina la alondra del primer párrafo, le sirven para ilustrar este ecocidio u ornitocidio literario. La intraducibilidad de ciertos nombres agrava el problema. ¿Cómo incorporar a un poema escrito en nuestra lengua al wren, un pájaro al que en español llamamos, sin poesía alguna, troglodita? Hay nombres, observa Binns, que atentan contra los propios pájaros.
Nuestra lengua, sin embargo, conoce traducciones que no atentan contra pájaro alguno, como la de El peregrino, de J.A. Baker, que Marcelo Cohen realizó en 2016 para la editorial Sigilo, en una edición que acredita un “asesoramiento ornitológico”. Para el wren, Cohen prefiere el nombre menos ingrato de chochín. Sobre los desafíos de esa experiencia volvió después en Un año sin primavera: apuntes sobre la poesía y el tiempo que hace. Por su parte, Binns rescata a otro escritor de lengua inglesa, W.H. Hudson. Pionero del ecologismo en América Latina, Hudson prestó atención a los discretos pájaros pardos que el resto del mundo pasaba por alto. No le bastaba con lamentar la pérdida de las especies: celebraba los detalles mínimos de las que aún quedaban, con una mirada próxima al asombro. Binns se inscribe en esa misma estela.
A lo largo de La república de los pájaros se observa que los modernistas, empezando por Rubén Darío, se apropiaron de aves europeas, sobre todo del ruiseñor, en un gesto europeizante que Gabriela Mistral y Pablo Neruda rechazaron. Borges, en cambio, se sintió atraído por esas presencias más literarias que reales. Binns desarrolla la idea de un derecho a representar lo propio, un proceso aún inacabado, y denuncia el eurocentrismo de la Real Academia Española, que en la entrada dedicada al chercán, un pequeño pájaro chileno de nombre mapuche, lo compara desfavorablemente con el ruiseñor. La disputa se remonta a la vieja polémica entre Charles Darwin y el propio Hudson sobre la supuesta pobreza de las aves cantoras sudamericanas.
El capítulo dedicado a Neruda resulta central. El chileno convirtió el verbo “pajarear”, entendido como la observación de aves en su entorno natural, en una poética de la atención, resumida en la frase según la cual “el oficio de poeta es, en gran parte, pajarear”. Esa conciencia ecologista se condensa en la “Oda a la erosión en la provincia de Malleco”, incluida en Nuevas odas elementales, que Binns considera el texto inaugural de la ecopoesía latinoamericana. La oda se erige contra lo que llama el silencio de las primaveras, en alusión al libro pionero de Rachel Carson, y permite trazar un linaje en el que conviven la militancia ecológica de Nicanor Parra y la poesía de Lorenzo Aillapán, el hombre pájaro mapuche que se considera, a la vez, poeta e imitador de aves. La galería se completa con Elvira Hernández, quien compara las especies más agresivas con el chileno neoliberal de hoy, y con la lengua experimental de Juan Luis Martínez, quien dijo que las aves cantan “en pajarístico”.
El libro se cierra con un epílogo titulado “BiodiVerso”, un catálogo poético de autoría propia en el que cada ave aparece junto al escritor o poeta que la inmortalizó. Binns deja abierta la pregunta de si estos catálogos poéticos terminarán siendo elegías de especies que solo existirán en el plano de la literatura o si alcanzarán a movilizar a los lectores para impedir la llegada de una nueva primavera silenciosa. Quienes recorran las páginas advertirán que la poesía puede ser ese llamado a abrir los ojos y los oídos que Binns exige de sus contemporáneos.
Niall Binns, La república de los pájaros. Aves en la literatura latinoamericana, Guillermo Escolar Editor, 2026, 292 págs.
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