Dejar un mundo
Para pensar la obra de Pablo Accinelli como un minimalismo del sur, habría que definir en qué sentido lo minimalista es un aspecto esencial en su producción y considerar si el sintagma anterior, aunque adecuado, no es una posición defensiva que se ocupa de atajar las críticas menos interesantes, las del orden de la inadecuación de una producción a su escena o, dicho de otro modo, que responde a la exigencia regional. Lo que esconde la queja respecto de la supuesta implantación de un lenguaje estético de otra tradición, de otra ciudad o hemisferio, es la expectativa de que el arte argentino sea solo coherente consigo mismo: como si un puritanismo de las referencias fuera a restituir la soberanía con la que este gobierno arrasa.
Más interesa pensar los parámetros elusivos por naturaleza del arte conceptual, que hacen a la lógica interna —y no a la recepción comercial o institucional— de la obra de Accinelli. Cuentas pendientes, su nueva muestra individual en Isla Flotante, es una instalación inmersiva que nos deja de pie en medio del vacío, entre las paredes de la sala cubiertas de rieles comunes de Easy, Sodimac, pero sin estantes. Rieles que no sostienen nada. La de Accinelli es una obra que se ocupa de la posición de clase media, que es este estar entre. Antes de entrar a la sala hay un dibujo (auxiliar) que establece el paralelismo justificado entre la obra y lo laberíntico, un recurso que enmarca, amortigua el despojamiento total que le sigue. El ingenio metafísico de Accinelli aparece porque se ocupa de la vida cotidiana. Entre el braille y el código morse, los cortes en el metal de los rieles donde irían las ménsulas configuran una notación infinita. O, mejor, como lo muestran típicamente algunas películas hollywoodenses, el sistema para registrar los días en la cárcel dibujando palitos, o sistema de numeración unario, como averiguo que se le dice. Pero los grupos de líneas acá no se tachan, estas marcas de conteo no se cierran sino que se acumulan dispersas porque así son los rieles. Es una acumulación privativa, el registro de la falta: las cuentas no se ajustan.
Delimitar la vida cotidiana como objeto de análisis es el intento especulativo de Lefebvre de registrar lo social en su totalidad, y se puede tomar como equivalente al concepto de Raymond Williams, estructura de sentimiento, que refleja el espíritu particular de una sociedad. Sentimientos, sentidos y actividades prácticas dentro de infraestructuras materiales concretas: experiencias sociales que todavía no se estabilizaron en una forma cultural. ¿Conceptual u objetual? Estructural, Accinelli se ocupa de estos problemas vivos, interviene y los estabiliza en una forma concreta, a la que accede gracias a un poder de síntesis que vemos solo en los buenos poemas: la imagen como condensación significante. Lo minimalista importa en este sentido. Pero su procedimiento dialéctico hace que, a la vez y por el contrario, encuentre los problemas en los objetos. Accinelli hace aparecer en la infraestructura habitual el problema de una época: hay registro, pero no hay soluciones.
La vida cotidiana está orquestada por la lógica de la mercancía, donde se vive de acuerdo al ritmo del capital, pero es en ella también donde están encriptados los reclamos elementales que pueden permitirle ser otra, ser más que esta reificación: es desde su evidencia material desde donde se puede ensayar una fisura de la totalidad cerrada. Como dice Pity Álvarez: “Porque la solución en vos está”. La obra de Accinelli es un momento: el código de los objetos se revela cuando fallan, cuando no cumplen su función, señalando así el sistema que los contiene, y este momento de experiencia intensa en la vida cotidiana, que provee una crítica inmanente de ella, trafica la promesa de la posibilidad de una vida cotidiana diferente. El riel más común puede decepcionar su tarea original y convertirse en una arquitectura de lo infinito. Y es probable que quien tenga el tiempo para registrarlo, pero siga rodeado de estructuras más bien precarias, sea alguien de clase media.
Cuentas pendientes podría ser la culminación de la línea de investigación en la que surgió también Destino común, su última muestra en Sala Gabriela Sabatini, una vía que pareciera haber alcanzado su forma más perfecta. ¿Después de Cuentas pendientes puede haber un vacío más despojado y todavía significante? Pero los problemas se van a modificar de acuerdo con las estructuras y la condensación elusiva va a ser otra. Sobre el factor elusivo, Cuentas pendientes es una muestra escritural, hace presente una ausencia, la cosa se escapa, el signo intenta fijarla y el candado en una esquina de la sala es la firma que se hace cargo del intento. Pero no solo: la elusión aprovecha los vacíos, los burla. Como eludir jugando al fútbol, superar al adversario mediante gambeta, enganche, amague, es una estrategia de fuga que permite que el partido avance.
Pablo Accinelli, Cuentas pendientes, Isla Flotante, Buenos Aires, septiembre-octubre de 2026.
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