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Matar y morir

Gabriel Baggio

ARTE

Recorro Hache Galería con Gabriel Baggio mientras me comenta sobre los procesos de producción y los pensamientos que lo llevaron al desarrollo de su muestra. Me relata enfáticamente la historia de un oso asesinado, al que llegó por la lectura del libro Postales de la contracultura de Osvaldo Baigorria. El escritor redactó el texto de sala, donde ofrece una vertiginosa lectura conceptual sobre el título de la muestra. Pero sobre todo fue el autor de la muerte del oso: cuando vivía en los bosques de Canadá, tuvo que disparar para salvar su propia vida.

Recorremos el espacio dejándonos llevar por este relato. Los muros de las dos salas se presentan aislados, pero interconectados por una silenciosa conversación. Objetos preciosos de gran intensidad poética: finas materializaciones de cerámica, en forma de constelaciones que refieren a la historia del tiempo, junto con el relámpago de La tempestad de Giorgione y una serie de objetos antropomórficos esmaltados en oro titulados La condición humana.

Por otro lado, se distinguen contrastantes representaciones del oso: una en dibujo y la otra en pintura, y un pequeño collage, boceto de un ambicioso proyecto mural, titulado Matar y morir, el origen de una frase que resuena en una tela de grandes dimensiones infectada por hongos. Esta última, podría decirse, es la protagonista de la muestra y, además, su trasfondo conceptual. Son todos íconos intensos que tejen una fuerte red de sentidos. Una estructura rizomática de significaciones muy propia de la obra de Baggio y de su maquinaria productiva.

Me siento a la vez interpelado por la historia del oso. Me presto a ser un medio más para su proyección: ¿qué relación existe entre este proyecto y la obra anterior de Gabriel Baggio? ¿Qué esconde la historia de esta muerte? Recuerdo sus performances, sus oficios, sus murales de cerámica, pero ¿cuál es el verdadero motivo de esta muestra?

Vuelvo sobre el oso. Una de sus representaciones es un hermoso dibujo hecho a lápiz titulado Ozzy. Es la representación de la única foto que Baigorria guardó del cadáver del animal. ¿Ese oso es el verdadero desencadenante? Quiero ser preciso en mi indagación. Ozzy es el único dibujo de la sala. Observo las líneas que lo componen, la postura, la actitud. Creo intuir una paradoja. Todo en él es suave y frágil, pero no logro ver un cadáver. Sus líneas son seductoras: el oso reposa sobre su espalda eróticamente, mostrándose al espectador en estado de pasividad. Sin embargo, es él quien controla la situación. Concluyo: el oso no está muerto.

Qué es el énfasis sino la evidencia de una impotencia implícita en lo que se declara, una fuerza propiciada por nuestra fragilidad. En este punto me propongo un nuevo relato, uno propio. La muerte era una excusa. El motivo es la herida ocasionada: una afectación singular, humana, el reconocimiento de una realidad victimaria; el relámpago es un grito y a la vez un disparo, la muerte es un dramatismo funcional. Nosotros somos meros espectadores identificados con la dama de armiño que observa la trágica condición humana desde el pequeño collage.

Pero ¿qué hay de la gran tela, del trasfondo conceptual? Baggio propone en la muestra un interesante diálogo con la historia, y a la vez una visión crítica sobre nuestro comportamiento como especie. En la tela creo notar una voz singular. Gabriel Baggio parece silenciarse. Presta el espacio a un discurso no formulado, es la naturaleza la que habla, él da un paso atrás y le concede el espacio. El hongo invade, reclama, recuerda su presencia. La situación radicaliza a partir de esta obra, todos somos espectadores, incluyendo al artista.

 

Gabriel Baggio, Matar y morir, Hache Galería, Buenos Aires, 10 de marzo – 7 de noviembre de 2020.