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Libros chiquitos

Tamara Kamenszain

TEORÍA Y ENSAYO

Una presunta paradoja, o una paradoja a secas, introduce con notable clarividencia el principio que organiza Libros chiquitos, una serie de textos breves escritos por la poeta y ensayista Tamara Kamenszain, orientados a la transmisión de su biografía intelectual. Una experiencia de lectura definida por un conjunto de libros cuya lectura se abandona. Libros que no se terminan, libros que llegado cierto momento se dejan a un lado. Y no por desinterés o aburrimiento. La lectura es interrumpida en tanto que aquello que se lee suscita un impulso “irrefrenable” de escritura. Así Kamenszain concibe, y así lo expone, el acto de leer: como un entramado dinámico, dialéctico, respecto de la escritura. Lectura suspendida, inconclusa, pero en virtud de lo que ella misma provoca: la emergencia de un deseo. Las lecturas —y les autores— que despertaron en ella las ganas de escribir son el propósito manifiesto de su experiencia como lectora. Y sin embargo, su desarrollo dejará traslucir —dejará “leer entre líneas”— lo que dicha concepción supone: un modo particular de lectura.

Lo primero que Kamenszain registra, lo primero que revisa de su trayectoria, es la poesía, centro de su práctica de escritura y atención crítica. La poesía como refugio de la juventud ante sus primeras desilusiones. El descubrimiento de la obra de Héctor Viel Temperley. (Re)leer a Néstor Perlongher, a César Vallejo, a Nicanor Parra. Invocar un poema de Mariano Blatt y a sus posibles precursores. Leer a Alejandra Pizarnik a través de la operación performática que ejecutaba Batato Barea en la década del ochenta. Pero más que nada, o por sobre todas las cosas, lo que importa aquí es la forma de leerlos. El tipo de vínculo que la poesía establece con la realidad, con el presente y con la experiencia de lectura en sí. El efecto que suscita su influencia. Leer poesía y dejarse llevar o perderse. Kamenszain sugiere una lectura distraída. La distracción como una oportunidad decisiva, un relámpago de lucidez. Leer y, a causa de lo leído, des-ocupar la atención, desviar la mirada y escribir. La distracción evidencia una posición de lectura, afirmada por un gesto mínimo aunque reconocible: levantar la cabeza y, acto seguido —o acto inconsciente—, anotar lo propio.

Kamenszain se ocupará también de textos teóricos y críticos que transformaron sus modos de leer y que lograron constituir un puente entre dos de sus lecturas predilectas, indistintas en su proyección hacia la escritura: la literatura y la filosofía. Libros de pocas páginas, libros pequeños pero significativos cuando revelan nuevos parámetros de lectura. La consagración de lo mínimo y lo menor señala un rechazo a la disposición afectada y grandilocuente de sistemas de saber intocables. Kamenszain recupera de ensayos “menores” de Alain Badiou y Josefina Ludmer un modo transversal de leer. Una operación que tiende al desvío y que permite subvertir los estrictos límites del pensamiento crítico. Apuntará, además, como si lo hiciera en una modesta libreta, el placer y entusiasmo que le suscita la narrativa de una nueva generación de escritoras que producen una obra desplazada entre géneros diversos y que apuesta a extender las posibilidades de lo literario. A su vez, repasará su experiencia de leer por dinero. Una entrevista al poeta Juan L. Ortiz producirá en ella una transformación crucial en su forma de leer y pensar la literatura.

En Libros chiquitos, Kamenszain entiende la experiencia de lectura como una deriva, como un continuo deslizarse entre palabras de distinto orden y procedencia. Así prefigura —y así inventa— su propia lectora ideal. Una lectora distraída y perspicaz, siempre atenta a capturar indicios a partir de los que poder reconocerse.

 

Tamara Kamenszain, Libros chiquitos, Ampersand, 2020, 152 págs.

12 Nov, 2020
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