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El sacrificio de Narciso

Florencia Abadi

TEORÍA Y ENSAYO

Atemporalidad del objeto y crueldad iluminadora son quizás los dos atributos más salientes de El sacrificio de Narciso. A partir de allí, Abadi señala —desde el mito, el arte, la filosofía y el psicoanálisis— el modo en que se expresa la filiación perenne entre la existencia y las emociones más dolorosas o incluso bajas.

Dos son las tesis cardinales. Por un lado, la no copertenencia entre amor y deseo. Por otro, la enemistad entre Eros y Narciso. Se trata de dos arcos distintos, dos tensiones de dos lógicas diferentes. Eros mira con perplejidad a Amor, son extranjeros el uno para el otro y hablan lenguas distintas; en cambio Eros y Narciso son enemigos declarados.

Deseo y amor: el deseo es destructivo y egoísta, el amor es piadoso. Se ama a costa del deseo. En el mito, Eros llega sin que medie la voluntad del amante; viene del cielo y lo sorprende (la flecha de Cupido). La posesión erótica es, a partir de entonces, escoltada por el impulso (evidentemente involuntario) de matar. Quizás la idea más tremenda de este libro sea la de que el impulso de dar muerte proviene de la propia “economía triangular” del deseo, en la que la envidia, el enigma y el odio juegan un rol central. El amor es de otro linaje afectivo: supone un dar algo (el tiempo, la vida) por el otro. Corresponden al amor la misericordia y la piedad.

Eros y Narciso. Los dos arquetipos del Yo que Abadi presenta revisando la literatura buscan discutir nada menos que con Freud. Eros es tan destructivo como valiente, el arco y la flecha son comunes al erotismo y a la caza. Advertido de que puede salir herido, se adentra en el bosque peligroso y oscuro. Narciso es un personaje alejado de la carne. No hay bosque para Narciso sino aguas calmas. La tradición lo ha visto como quien se ama a sí mismo observándose en su reflejo. Abadi se posiciona: Narciso no se ama a sí mismo, si así fuese sería un onanista, pero este no es el caso. Él está enamorado de la imagen que ve de sí mismo en los otros. Su cuerpo es olvidado en favor de la imagen y así sucede hasta perder la vida. De allí la idea de sacrificio propuesta por el libro: Narciso expresa la renuncia al cuerpo, la dependencia del reflejo y el ahogo. En las antípodas del deseo erótico, vinculado a la valentía, el salir de caza, la rivalidad, se encuentra la cobardía narcisista, el rehuir del propio cuerpo.

Deseo, Amor, Sacrificio. Por supuesto las distinciones quieren —con estilo polemista— ser discutidas desde lo disciplinar, pero su mayor valor proviene de un arrojo. El sacrificio de Narciso es una ética del amor que no les teme a las emociones bajas. El deseo contiene odio, envidia y enigma. Esta conciencia del deseo ofrecida por Abadi, lamentablemente, no desarma su lógica. “El deseo es soberano”, se insiste, y con ello, se apunta esa cuota de odio tan inherente a la existencia. Salimos de esa comprensión, por más cruel que ella sea, ganando, encontrando en nosotros mismos (y desmoralizando) lo que nos avergüenza. La fortaleza de este libro proviene precisamente de dar razones para comprender los mecanismos demasiado humanos, perennes, sombríos, infernales, pero también compasivos, amorosos y templados que guían nuestra persistencia en vivir.

 

Florencia Abadi, El sacrificio de Narciso, Hecho Atómico, 2018, 96 págs.

 

5 Sep, 2019
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