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El poeta y el buey

Lucas Soares

LITERATURA ARGENTINA

En este nuevo trabajo de Lucas Soares lo que prima es el juego. Partiendo del famoso poema-canción de Rafael Pombo en el que un niño le pregunta a un buey «¿En qué piensas todo el día / tendido sobre la yerba?» y este, tras una larga explicación, le responde que lo importante en la vida es el rumiar, el libro suplanta la figura del niño por la del poeta y, junto a la del buey, la somete a una serie de variaciones que bien podrían ser una puesta en práctica de aquel consejo.

El juego se nos presenta como la posibilidad de combinaciones infinitas a partir del mismo tema. Las figuras convocadas (el poeta y el buey) van descubriendo todo tipo de relaciones entre ellas y, al mismo tiempo, van manifestando vínculos que las transcienden. El tono didáctico resulta el medio natural de la voz, pero con la salvedad de que no hay ninguna enseñanza que sea un punto de llegada predestinado para ella: «simultáneas son las cosas / que se dan al mismo tiempo / cuando ninguna es anterior / o posterior a la otra // las diferencias y semejanzas / entre un poeta y un buey / no son anteriores ni posteriores / sino todas a la vez».

A la manera del aforismo, del more geometrico y del fragmento presocrático, los poemas dejan a su paso el producto de una reflexión que, a medida que las páginas corren, se acumula como en un recorrido de muestra plástica. Por más que se solventen a sí mismos, la sinergia de estos textos supera ampliamente su individualidad y es imposible no recordarlos en una serie, donde la modulación y las mínimas alteraciones disparan nuevos sentidos: «hombre se dice / del poeta // animal se dice / del buey // del poeta y del buey se dicen / animal y hombre».

Las variaciones operan a la manera de los cambios de tonalidad en la pintura, basta un retoque pequeño de color sobre la misma imagen para que su percepción se modifique. El punto de vista, el lenguaje matemático, los retruécanos infantiles y los hallazgos del absurdo les brindan a las escenas esa vuelta de tuerca que permite al poema encontrarse a sí mismo: «discreto es el número / y continuo el tiempo // un buey se cuenta antes / que dos bueyes // un poema del presente / viene del pasado / y continúa en el futuro».

En tal secuencia, el consejo del buey al niño queda materializado. La innovación lúdica y constante se emparenta con el acto de mascar y rumiar: «El digerir, no el comer, / Es lo que al cuerpo aprovecha, / Y el alma, cuerpo invisible, / Tiene que seguir tal regla». Como los chicos que reclaman sin fin ese “otra vez” de las historias y los juegos, El poeta y el buey nos sumerge en un caleidoscopio de goce oral. Su sed de nuevas mutaciones despierta la lubricidad de las ideas que se retoman como olas en la boca: siempre con la misma fuerza, nunca idénticas, jamás inertes.

 

Lucas Soares, El poeta y el buey, Caleta Olivia, 2021, 78 págs.

14 Abr, 2022
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