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Los hombres de Rusia

Reinaldo Laddaga

LITERATURA ARGENTINA

A veces los fenómenos políticos, los cambios de paradigma y la imposición de nuevas ideas nos hacen creer que el chispazo que trajo el incendio tiene sus orígenes en el ahora, en el color del tiempo que se construye a nuestro alrededor, o a lo sumo en el pasado más inmediato y reconocible, lo que nos priva de reflexionar sobre las pulsiones que siempre estuvieron y van cambiando de disfraz mientras el escenario global les da a unos el lugar que les quita a otros.

Libros como Los hombres de Rusia son un intento de enmendar esa carencia. Al observar el mundo actual, gobernado por bufones irascibles y plagado de discursos de trazo grueso, la alegoría de Laddaga se pregunta si el mundo no es, en definitiva, un coliseo diseñado para que esos líderes triunfen o fracasen, se pisen las cabezas, sobrevivan o perezcan. Pero para verificar esa lucha no es necesario fijarse en las castas superiores. Basta con seguir el derrotero de los meros aspirantes, los que se quedan en las gradas, ansiosos por pisar una arena que los ignora: los crueles, los desquiciados, los tristes hombres que menciona el título.

Presentado como un documento supuestamente verídico, el libro contiene la traducción que un prologuista llamado Reinaldo Laddaga hizo de un texto rescatado del sótano de Internet durante la campaña electoral que consagró a Donald Trump como presidente de Estados Unidos. En el texto —cuyo autor es un adolescente sin nombre, nacido en la década de los noventa, pasmosamente articulado y lúcido— se describe la mudanza de un grupo de guerrilleros alucinados a un zoológico inundado en el estado de Florida. El grupo se financia vendiendo drogas y esclavizando mujeres. Su teogonía revela la existencia de un Líder, un Encargado, un Amigo, un Candidato. Aunque difusa, su misión es reinstalar un orden que compendia atávicos reclamos de la extrema derecha, el utopismo que D’Annunzio rozó en Fiume, la teoría de la tierra hueca de Cyrus Teed, el salvajismo extático de los vikingos y una relectura tan cohesiva como desopilante de los bestsellers de Michael Crichton.

La narración, expansiva y convulsa, no hace asco a ningún género. El texto que “traduce” Laddaga bascula entre el diario íntimo, la biografía y la enciclopedia. Incluso le sobra espacio para vampirizar algunos clásicos de la literatura del siglo XX —el comienzo de Pedro Páramo, por ejemplo— y para dilatarse en un amargo correlato que subraya las diferencias entre el pasado mítico y el presente lastimoso. La secta busca replicar una orgía sacrificial que los antiguos Rus desplegaban con belleza y robustez, pero a mitad de camino todo se deteriora. El tercer milenio no es un teatro propicio para tales empresas y el hombre blanco, parece argumentar el texto, ya ni siquiera está a la altura de sus propias fantasías.

Acostumbrado a los proyectos no convencionales —entre los que destacan biografías misceláneas y antologías que combinan trabajos musicales y literarios—, Laddaga inspecciona el lado defectuoso del supremacismo para señalar que los horrores de hoy son los de siempre, que la cara última del poder está velada por una negrura sin centro y que del futuro sólo nos queda esperar bruma y recurrencia, la misma piedra que nos hará tropezar una vez y otra, porque así lo decidió alguien hace mucho, porque el ser humano ya es un animal viejo y contra eso no hay nada que pueda hacerse.

 

Reinaldo Laddaga, Los hombres de Rusia, Jekyll & Jill, 2019, 272 págs.

29 Ago, 2019
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