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Regreso a las flores

Lucio Vellucci

LITERATURA ARGENTINA

Regreso a las flores, primera novela de Lucio Vellucci, me llega con una carta de la editorial Enero en la que su directora explicita el deseo de crear libros objeto. Esta edición cumple con ese propósito. La tapa muestra una telaraña al aire libre donde quedan atrapadas gotas de rocío, y varias hojas de guarda, negras unas y llenas de flores, juncos y plantas acuáticas otras, que nos ubican anticipadamente en el escenario de la acción sobre las orillas de un río. Pero es la contratapa la que guía la lectura e instala la expectativa con su frase final: “un viaje literario del cual ningún lector saldrá indemne”. Acertada premonición. ¿Cómo quedar indemne frente al contraste entre la belleza del libro y la abyección del narrador del texto?

A partir de un motivo literario ―un escritor se retira de la ciudad y se establece en un lugar aislado― que en la literatura argentina ya tiene su lugar mítico ―el delta del Paraná, para suicidarse o para esconderse―, la única voz de esta novela es la de quien escribe a máquina ―estamos alrededor de 1988― setenta y cuatro cortos capítulos, casi nunca más de tres páginas. Varias líneas narrativas se alternan en la oscilación del diario a la carta, de la primera a la segunda persona. El diario registra el deterioro progresivo del personaje, atrapado como un náufrago en una casa del delta, cercada por la constante lluvia y la crecida del río, mientras además revisa la historia de su abuelo, el propietario original, tratante de blancas y “colaborador de los milicos”; la carta, en cambio, se dirige a una ex pareja para examinar también su deterioro tras haberla convertido en un triángulo amoroso.

Vellucci sitúa el relato en los primeros años de la democracia y recrea una de las discusiones de aquel tiempo: la revisión del pasado. Lo hace con cierta torsión: el personaje es un nieto, pero no hay abuelas sino un abuelo colaboracionista, al que se considera exiliado en el delta, aunque sus razones no son políticas sino mafiosas; Pablo, el tercero del triángulo amoroso, es un ex combatiente de Malvinas que se suicida, pero no por la guerra sino por amor. En el presente, la revisión es la de la propia vida. Acorralado y al borde de la muerte por acción de la naturaleza, el narrador se examina a sí mismo, mientras añora duchas calientes, sábanas limpias, encuentros, agua y comida. Eso que podría ser un camino de purificación está más cerca del melodrama de un despechado que, para dar un ejemplo dostoievskiano, del padre Zosima y la tradición rusa de los ascetas. Cuanto más se aleja de la civilización, mayor es su conciencia para considerarse a sí mismo como un “perverso irremediable”. ¿Y cómo no lo sería? Si goza con su autoexamen, le recuerda a su interlocutora una escena de violación, y hasta se sabe tan impiadoso que se sorprende de no arrojar al perro que lo acompaña al río (“nosotros, que nunca nos hubiéramos compadecido de nada ni nadie”).

Regreso a las flores aumenta la tensión al ritmo del agua que sube hasta el límite de lo vivible, pero luego de tocar ese extremo afloja, las aguas bajan y el protagonista sobrevive entre fantasmas. Con una prosa que tiene en su escritura el horizonte de la poesía, Vellucci da cuenta de este “desaparecido” de 1988, quien ha vivido apenas una aventura sobre la que, además, puede dejar testimonio.

 

Lucio Vellucci, Regreso a las flores, Enero Editorial, 2023, 134 págs.

 

28 Dic, 2023
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