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Un tiempo sin destino

Sara Cohen / Osvaldo Picardo

LITERATURA ARGENTINA

Suspensión del transcurso del tiempo y de la partición que comporta la rutina, expansión de las percepciones y los recuerdos, recorte del espacio externo y explosión de las derivas internas: estos son algunos de los efectos de la vida en cuarentena. Un tiempo sin destino, libro a dos voces escrito por Sara Cohen y Osvaldo Picardo como un intercambio entre amigos, los explora. Compuesto por fragmentos breves, con un lenguaje que busca su tensión poética en el trabajo de decir menos para decir más, pero también de testimoniar la lectura sensible de un momento particular, el texto lleva al lector, lo pasea, se podría decir, por esos afectos nuevos. Cada fragmento es una unidad y a la vez dialoga con los otros. Hace de la suspensión de lo habitual una pregunta por el ser de las cosas, por la constitución de la realidad y del sujeto, pero también explora la suspensión como posibilidad poética y se detiene en los momentos en que una identidad se deshace: un bloque de sensación lleva hacia la infancia y la experiencia de un viaje en tren, otro a la potencia de las olas en el paisaje marino marplatense, otro a la observación del tejido urbano que la ventana de un departamento en Capital permite.

Hay un extrañamiento que se revierte como percepción renovada del entorno y de la subjetividad, hay un corte en la línea de tiempo que instaura un presente perpetuo. “Llegó la noche y no hay balance del día, tan sólo vivencias de júbilo o de desasosiego”: en el encierro las temporalidades se condensan, y en el caleidoscopio de lo simultáneo el cuerpo y la mente se dispersan en la sensación, la asociación, el pensamiento. La vacancia de la experiencia configura una nueva experiencia entre el sueño, lo cotidiano, las lecturas, y deja el trazo, leve, de una inquietud: la indeterminación de lo que vendrá, los puntos suspensivos de este diario que abarca tres estaciones y se rige por ellas como si fuera una de las pocas certezas que permanecen.

Está también la certeza de la amistad, las palabras como puente. El intercambio epistolar, la posibilidad de un más allá de lo individual, borra las fronteras para acentuar el vaivén entre identidad y diferencia, en una escritura que no identifica por separado al autor/a de cada fragmento, sino que sólo lo/la deja adivinar ocasionalmente en un adjetivo en femenino o en masculino, o en la ubicación urbana o marina del fragmento enunciado. Las formas en que se construye ese entre dos para que el tiempo detenido, sin destino, busque su sentido, o entre la comprobación de los hechos (“Nunca estuve tanto tiempo en casa”) se inscriba la observación de los cambios (“veo pasar las primeras golondrinas. Siempre vuelven en octubre”), y sus giros hacia otras zonas de la afección o el pensamiento (“mi propia cara se ha vuelto una foto: una rareza”) son hallazgos deliciosos.

 

Sara Cohen y Osvaldo Picardo, Un tiempo sin destino. (Fragmentos de un discurso en pandemia), Paradiso, 2021, 64 págs.

 

29 Jul, 2021
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