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El gran espejo del amor entre hombres

Ihara Saikaku

OTRAS LITERATURAS

Al frecuentar la tradición literaria japonesa descubrimos que los occidentales hoy tenemos preocupaciones que para los japoneses son ocupaciones corrientes desde hace siglos. Lo dicho se aplica a los temas sexuales. Y a este libro, publicado en Kioto en 1687 y traducido al castellano en su integralidad por Amalia Sato.

El amor homosexual masculino no es rara avis en las letras niponas. Se enmarca en una evolución que arranca en el siglo VIII con el monje Kukai (patrono informal del nanshoku, relación amorosa entre hombres). Luego adoptó ropajes de necesidad y conveniencia según cada época.

Precisemos algunos puntos de este clásico de la literatura popular nipona.

Su autor, Saikaku Ihara, procede como los letrados de su país: plantea lo nuevo montado a lomos de su entera tradición. En Nanshoku Okagami se sirve de ella con solvencia, al punto de citarla, recrearla y hasta adulterarla para sus fines: aparecen referencias cultas, etimologías, cruces de prosa y poesía, diálogos a siglos de distancia, ingeniosas o absurdas invenciones. Todo lo mantiene en el terreno verosímil de la peripecia narrada. O sea: todo lo vuelve literatura. ¿Qué plantea la tradición erótica que Saikaku asume como motor de su obra? Japón es una sociedad en la cual “la vida en un género” nunca se define y se practica de manera clara, unívoca, exclusivista o duradera. Desde remota antigüedad se han sucedido, se han opuesto, se han solapado, versiones distintas del amor carnal: heterosexuales (con predominio discursivo ora masculino, ora femenino); homoeróticas (en versiones gay o lésbica); bisexuales oscilantes o permanentes (hombres heterosexuales que incurren en homosexualidad; mujeres hétero que practican similar bivalencia).

Un factor decisivo de tan intensa dinámica de cambios de escenario sexual es la vacilación de los japoneses entre su cosmovisión shintoísta (de carácter estético y práctico) y una práctica budista (marcada por exigencias rituales y unas doctrinas de tinte esotérico). La perenne oscilación se explica por cambios sucesivos en las relaciones de influencia y poder entre la religión “autóctona” (shinto, “camino de los dioses” sensual, localista y energético) y la religión “venida del continente” (bukkyo, religión budista instituida, procedimental y teológica).

Como anota un dignatario budista, a más creencias, más tolerancia. En Japón la diversidad sexual nunca ha sido motivo de opción excluyente. Muchos japoneses eligen según el cuerpo les pide (nunca mejor dicho), sabiendo que no sufrirán presión institucional por su orientación sexual. Los personajes retratados en las obras de Saikaku más que elegir opciones de placer prefieren entrelazar sus vías y combinar sus efectos. De modo que el escritor inventó un nuevo marco mitológico de consumo masivo. Instaló como género las ukiyo-zoshi, “narraciones del mundo flotante” que ofrecen su estilo galante como ideal de belleza y como horizonte de cierta equidad ante el placer fugitivo. No escribió Nanshoku Okagami porque fuera homosexual, sino para contar historias que abarcan (rasgo definitorio de su obra) un abanico de opciones sexuales. Salvo, en su caso, el amor lésbico.

Este “gran espejo del amor entre hombres” terminó siendo el libro más largo de Saikaku. Su tema es “la costumbre del amor por los muchachos en nuestras tierras”. Consta de dos partes bien marcadas: la que narra episodios de amor romántico entre samuráis; y la que narra encuentros donde media el pago, sobre todo con actores de teatro kabuki. En cuarenta episodios chispeantes se define la estructura corriente del amor homosexual: un adulto mayor (nenja) transmite su savoir faire a un joven (wakashu) que aporta su espléndida humanidad y una lealtad responsable. Surge un tipo de vínculo apasionado y a la vez jerárquico. La asimetría es concebida como un ideal de masculinidad (con mucho arranque misógino) y como planteamiento ético que vertebró la “literatura samurái”, por entonces en plena expansión gracias a la introducción de la imprenta.

La tardía traducción de esta obra a lenguas occidentales (ahora al castellano) es sólo una parte del fresco general de la literatura amorosa y nos recuerda cuánto queda por leer y aprender de la tradición literaria nipona.

 

Ihara Saikaku, El gran espejo del amor entre hombres, traducción y prólogo de Amalia Sato, Interzona, 2022, 352 págs.

29 Dic, 2022
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