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Provocación

Stanislaw Lem

OTRAS LITERATURAS

Aunque cierta vez afirmó que nada envejece más rápido que el futuro, Stanislaw Lem no tuvo ningún reparo en barajar algunas hipótesis al respecto en novelas que hoy son un hito (no sólo) de la ciencia ficción, ese género del que siempre renegó pero que también contribuyó a ensanchar. Habiendo incluso agotado el interés en la costura artesanal de personajes y tramas, dedicó sus últimos años a tensar las cuerdas del tiempo y a cultivar el devaneo borgeano en la invención de reseñas imaginarias de obras inexistentes, en cuyo pináculo descansa la tetralogía titulada Biblioteca del siglo XXI. Provocación, último volumen del ciclo, fue editado en 1984 y ahora llega en nueva traducción a cargo de Impedimenta. De las cuatro piezas que lo componen, las primeras versan sobre comentarios críticos de libros apócrifos, mientras que las últimas anticipan con conocimiento de causa campos del entonces futuro siglo XXI.

En la revisión de los dos volúmenes de El genocidio, ensayo atribuido a un supuesto antropólogo alemán llamado Horst Aspernicus, se nos dice que el autor propone dar un giro a los estudios sobre el mal. Sostiene, entre otras cosas, que la matanza del pueblo judío por parte de los nazis respondía menos a la obtención de algún beneficio ulterior que a la satisfacción del puro sadismo; y que, en este sentido, se trataba de un acto hipócrita, porque si hubiera habido argumentos legítimos que lo avalaran, por extremos que estos pudieran parecernos, no habría sido necesario ocultarlo. En este punto, trae a colación los dos pilares en los que se fundamenta el nazismo: la ética del mal, que siempre arguye la coartada de un bien mayor, y la estética del kitsch, cuyo simbolismo infatuado y vacío encubre la falta de razones. Dice el ignoto reseñista que, según Aspernicus, la Shoá se reduce a la representación de la muerte de Dios, cuya posición vacante los nazis se arrogaron el derecho a reclamar. Ulteriormente, amplía las conclusiones al considerar, por un lado, el papel de la muerte en la cultura, y por otro, la matanza nazi como precedente del terrorismo contemporáneo. Tan documentado y convincente parece el texto que no es de extrañar aquello que Lem comentó en una entrevista: cuando le consultaron al director del comité de crímenes nazis si había leído el ensayo de Aspernicus, este respondió que aún no, pero que lo tenía en su mesa de luz. Allí donde las conjeturas de Borges son lúdicas, conceptuales y hasta displicentes, las del autor de Solaris resultan, si bien irónicas, más graves y ambiciosas.

En tono sarcástico, el siguiente texto comenta Un minuto humano, el estudio estadístico de J. y S. Johnson que, como su título indica, emplea un portento de datos y cifras para concebir una imagen sincrónica de la humanidad detenida en la arbitraria medida de un minuto. Las distintas maneras de morir y de torturar, así como los cálculos sobre la cantidad de esperma eyaculado y lágrimas lloradas, entre otras curiosidades, revelan la primacía de la crueldad y la violencia en el corazón del ser humano, empalmando de este modo con el apartado anterior. Un detalle no menor es que las fechas de ambas reseñas son anteriores por pocos años a la publicación de los respectivos libros. Extremando el procedimiento, las siguientes piezas avizoran un porvenir aún más lejano.

El mundo como holocausto es la introducción a un libro aún no escrito que, con el estilo de un artículo académico erudito, desanda el giro copernicano de la futura astronomía, en la que el azar cobra mayor importancia y se reconoce, finalmente, la destrucción como principio creativo. En esta misma línea, Sistemas armamentísticos del siglo veintiuno se presenta como un compendio de la historia militar del siglo XXI, conocimiento cuya fuente el autor por cuestiones de seguridad prefiere reservar, pero cuyo contenido halló el ardid para difundir: “La forma más segura de esconder una idea extraordinaria, una verdad sin fisura alguna, es publicarla como ciencia ficción”. Blanchot dijo que, en lugar de obras, la ficción prospectiva concebía ideas de obras. Lem refracta la sentencia. De factura heterodoxa y delicado engranaje argumental, las piezas que componen Provocación asumen el juego con rigor implacable.

 

Stanislaw Lem, Provocación. Biblioteca del siglo XXI, traducción de Abel Murcia y Katarzyna Moloniewicz, Impedimenta, 2020, 192 págs.

 

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