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Eclipsó sin aviso

Blanca Rodríguez Pérez

TEATRO

No es que el muerto tarde en aparecer, sino que tal vez seamos nosotros, espectadores recién acomodados en la butaca, quienes demoremos en advertir su presencia. En el interior de ese departamento bien provisto, del que se ve poco pero al que se comenta como saturado de un lujo abstracto y un poco obsceno, tres mujeres rehúyen la responsabilidad de haberlo matado. Sus nombres convocan astros y constelaciones, trozos de materia oscura orbitando sobre un cuerpo quieto y cargado de enigmas. Pero cuando empiezan las conversaciones esa galaxia se expande en sentidos nuevos, como si en lugar de tragar la incógnita quisiera expulsarla y multiplicarla fuera del horizonte de sucesos.

El contexto está apenas insinuado; un poco de política sucia y algún asunto senatorial turbio, todo lo suficientemente elidido como para que la importancia de lo que se dice y se hace mientras llega la policía y el encargado del edificio intrusa la trama adquiera relevancia lejos de esa coyuntura. El humor de Eclipsó sin aviso tiene que ver con una pasión dañina individual y no con la frustración social y colectiva, y su cuota de inquietud y miserabilismo está jugada desde un absurdo en alto volumen que nunca llega a aturdir.

De a una, frente a los ojos curiosos de la policía —que no es lo mismo que la ley—, las tres mujeres (veteranas de vidas bien distintas que, sin embargo, alcanzaron a tocarse entre sí gracias al difunto) dan su versión de lo que el muerto fue o pudo haber sido. Se engañan entre ellas cuando no se ven, pero se mienten aún más cuando están todas juntas. La muerte, lejos de paralizar, activa, y los tres relatos confluyen en una especie de sistema de anécdotas en busca de un mecanismo. Los espacios en blanco que el espectador va llenando mentalmente, las suposiciones y las teorías que golpean la puerta, todo está más ligado a tratar de averiguar qué hay adentro de esas tres cabezas antes que a intentar despejar los posibles móviles detrás del velo. Y como ocurre en todo cuento bien contado, en Eclipsó sin aviso importa más lo que sale a la luz durante el recorrido que las respuestas y sorpresas más o menos propicias, más o menos satisfactorias que podemos encontrar al final del camino.

 

Eclipsó sin aviso, dramaturgia y dirección de Blanca Rodríguez Pérez, Paraje Artesón, Buenos Aires.

26 Mar, 2026
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