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El público

Mariano Pensotti

TEATRO

La obra más reciente de Mariano Pensotti es una serie de cortos en los que un grupo de personas, en el proceso de generar producciones simbólicas, debaten “una obra que vieron ayer”, que el público de la obra de Pensotti jamás verá y que sólo conocerá por mientas de los personajes (que ayer fue público). Estos personajes son, entre otros, un actor de una performance que ocurrió en el noventa y tantos; un fotógrafo que trata de reproducir los crímenes del Estado durante la crisis de 2001; un farsante que se hace pasar por amigo de enfermos terminales en hospitales; una investigadora demasiado absorta en su trabajo que discute con su pareja; una directora de cine que cree reconocer en un extra al secuestrador de su madre; un grupo de jugadores de roles que observa un hecho injusto y sale a intervenir contra la policía, en favor de un ciudadano; un joven boxeador que pierde en su primera pelea, que creía arreglada en su favor, y termina bailando en una murga porteña; dos empleadas de un teatro que dialogan mientras limpian lo dejado por la representación anterior. Todos vinculados a la producción simbólica, vieron ayer una misma obra de teatro y la comentan como la oscura “enseñanza” de una parábola que ilustra  sus vidas de hoy.

La obra de la que se habla es la historia de un imitador de Fernando de la Rúa, convocado por el Estado para hacer la imitación del presidente, en un acto público, hacia el final de su mandato. O sea, se cuenta que el Estado recluta, en su propio beneficio, a un actor que imita la “persona” del Estado, para que funja en el lugar del presidente argentino. Es imposible dirimir todas las implicancias políticas y estéticas de la obra, porque se trata de un ejercicio de enfrentamiento infinito de dos tipos de representación que se superponen uno al otro. Se trata de pensar ese momento agudo de la cultura en el que el artista (un imitador, es decir, un tipo de artista común en la producción simbólica argentina) es aprovechado en su carácter de tal, de artista, por la fuerza del Estado para construir su espacio de representación. Pero ese espectáculo patético, de acuerdo con los espectadores/personajes, tiene reverberaciones en sus vidas y en sus prácticas cotidianas.

Dicho de otro modo, la obra es la discusión de un público que debate el uso (digo uso) de la destreza corporal del artista, para poner en funcionamiento su capacidad administrativa de bienes y símbolos. Obviamente no se trata de un “caso” que haya ocurrido durante el gobierno de De la Rúa, sino de una práctica común de todas las administraciones democráticas: los gobiernos “convocan” a personajes “famosos” a los que “invitan” a trabajar y “comprometerse” en aras de una distribución cultural que los involucra indisolublemente como artistas y como ciudadanos, y a reproducir el discurso del gobierno, como parte de su “oficio”. No se pone en juego la capacidad de operar de manera crítica (no son Brecht, ni aun Brecht después del 49), sino la adhesión a un gobierno que promete estar a la altura de su cachet.

Cuando la obra promedia, el público es invitado (de manera épica) a abandonar la sala y arreado con pancartas (¡con pancartas por la calle!) por los mismos escenarios donde tienen lugar los cortos (la calle Corrientes), mientras ahora, en el nuevo rol de actores (y por lo tanto de personas comprometidas, es decir, ciudadanos en el espacio público), es interpelado por la gente (los vecinos, los ciudadanos de la calle) acerca de cuál es la demanda, qué piden, por qué manifiestan. Y entonces, en ese momento Pensotti nos explica cómo se puede obturar la capacidad crítica cuando se involucra al espectador bajo la consigna progresista de la “interacción del público”.

El penúltimo corto narra la historia de una chica cuya mascota muere y que no sabe cómo deshacerse del cadáver. Y si alguien necesita saber qué quería decir Osvaldo Lamborghini cuando decía que la Argentina era “un país con gran poder de representación”, puede encontrar inmediatamente la respuesta en El público, de Mariano Pensotti.

 

El público, autoría y dirección de Mariano Pensotti, XIII Festival Internacional de Buenos Aires, Centro Cultural San Martín, Teatro General San Martín y Teatro Metropolitan Sura, Buenos Aires, 23 de enero a 1 de febrero de 2020.

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