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El futuro dura demasiado

Louis Althusser

TEORÍA Y ENSAYO

Ni una confesión, ni un descargo, mucho menos el impúdico testimonio de una intimidad azorada: lo que constituye la inasible materia de El futuro dura demasiado, el escrito póstumo en el que el filósofo francés Louis Althusser intenta desentrañar las razones por las que asesinó a su compañera luego de más de tres décadas juntos, es una tentativa de elucidación de aquello que no parece tener causa unívoca ni motivo aparente y cuyo instante permanece, como él mismo dice, entre dos noches. Lo que impulsa la escritura es, entonces, la posibilidad de revertir el “no ha lugar” de un dictamen con el que Althusser, a la vez que evitaba la cárcel, fue recluido en el lugar de enfermo. Porque si bien es cierto que no siempre la ausencia de autoría intencional de un crimen va acompañada de una resolución de inimputabilidad, habría que remitirse al inusual proceso jurídico en torno al crimen del cabo Lortie, estudiado de manera sagaz por Pierre Legendre, para encontrar en el aparato judicial algo distinto a una maquinaria de sanción y castigo. Allí, en lugar de buscar la inimputabilidad del acusado —fácilmente asequible, dado que Lortie había ingresado al Parlamento de Quebec, Canadá, disparando a mansalva porque veía en el gobierno el rostro de su padre—, el abogado, en común acuerdo con su defendido, encaminó sus esfuerzos a que este último asumiera la responsabilidad de lo sucedido, de modo de lograr restituir el acto en el campo de la palabra. Lo dicho por el cabo luego de observar la filmación de las cámaras de seguridad fue elocuente: “no soy yo; soy yo”.

A ese reconocimiento paradójico, a esa imposibilidad, se aboca Althusser en este escrito de 1985, cinco años después de haber estrangulado a Hélène Rytmann mientras creía estar dándole un masaje en el cuello. Pero allí donde el filósofo pensaba hallar los motivos de un hecho que escapa a una conciencia marchita en el arrojo del pasaje al acto aflora, en cambio, una proliferación de fantasmas que no hacen más que multiplicar los interrogantes y desplegar una intimidad proclamada y escamoteada en un mismo movimiento, suerte de puesta en escena que oculta a la vez que pone en evidencia un vacío inaugural.

Porque es la novela familiar a cielo abierto en torno a la falta de un nombre propio aquello que Althusser presenta sin descanso. Su madre, enamorada de un piloto muerto en combate, había terminado en pareja con el hermano de este. Cuando nació su primer hijo, cada uno con sus motivos en el bolsillo, decidieron darle el nombre del piloto muerto, que se llamaba, claro, Louis. “Cuando [mi madre] me miraba, sin duda no era a mí a quien veía, sino a mis espaldas, en el infinito de un cielo imaginario para siempre marcado por la muerte, a otro, aquel otro Louis del que yo llevaba el nombre”, escribe Althusser. Y más adelante: “De esta manera me veía como atravesado por su mirada, yo desaparecía para mí en aquella mirada que me sobrevolaba para reunirse en la lejanía de la muerte con el rostro de un Louis que no era yo, que nunca sería yo”. No parecen casualidades, en este sentido, ni el comienzo beckettiano de Los hechos, su anterior libro biográfico (“Me llamo Pierre Berger. No es cierto”), ni su célebre frase “la historia es un proceso sin sujeto ni fines”.

La semblanza biográfica, con su ristra de abandonos y violencia, pero también con no pocas satisfacciones, busca alcanzar un punto que constantemente se escabulle. Y vuelven a surgir las crisis melancólicas, las internaciones, los psicofármacos, los períodos de convalecencia, la manía galopante posterior y la rueda que vuelve a girar, con una Hélène amortajada en su propio deseo de muerte. Tienta pensar qué habría resultado de su análisis sin la lectura de la obra de Lacan, tal es el perfume del que están embebidas muchas de estas páginas.

El futuro dura demasiado es, además, un fresco de época donde desfilan los prominentes cardenales de la intelligentsia francesa, un somero repaso de las innovadoras lecturas que Althusser dedicó a Marx, Maquiavelo y Spinoza y un análisis político sobre el porvenir de la izquierda en Francia y la situación del Partido Comunista. Y, por encima de todo, el drama personal de una palabra exiliada que no adviene al encuentro, que insiste en no tener lugar.

 

Louis Althusser, El futuro dura demasiado, traducción de Luciana Bata, prólogo de Silvia Schwarzböck, Mardulce, 2024, 382 págs.

27 Jun, 2024
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