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Un hombre sin patria

Kurt Vonnegut

TEORÍA Y ENSAYO

Entre 1952 y 2007 Kurt Vonnegut escribió decenas de novelas, relatos y guiones teñidos de ciencia ficción, llenos de humor y de un pensamiento complejo sobre el desarrollo histórico del siglo XX, con especial interés por la Segunda Guerra Mundial (en la que participó, fue apresado por los nazis y bombardeado por los aliados) y el devenir cada vez más catastrófico de la especie humana. A mediados de la década del setenta, ya conocido por Las sirenas de Titán, Madre noche, Cuna de gato, El desayuno de los campeones y, especialmente, Matadero 5, publicó su primer libro con ensayos y conferencias, Guampeteros, fomas y granfalunes (1974). Allí, el tono irónico característico de sus novelas incluía una mirada crítica —analítica— de su propia labor: “El oficio de escribir permite a gente mediocre que es paciente y trabajadora revisar su estupidez y editarse a sí mismos como algo parecido a la inteligencia”. Treinta años después, en el último de sus libros de ensayos publicado en vida, Un hombre sin patria (2005), que ahora se reedita en castellano, no había perdido nada de ese humor prodigioso, mezcla de candor humanista y oscuro sarcasmo: “Todas las grandes obras de la literatura tratan de la mierda que representa ser un ser humano”.

Suele ser gozoso tener entre manos un libro con una voz valiosa que puede volver sobre su propio recorrido y observarlo sin intereses posteriores. Si a eso se suma la precisión de un humor entrenado durante cincuenta años, lo que se obtiene es un texto que por momentos funciona como una antología de grandes frases. Un hombre sin patria reúne y mezcla los intereses más característicos de Vonnegut: la relación entre humor y temor (“hasta los chistes más tontos se basan en minúsculos ataques de miedo”); el efecto de las guerras (“la guerra de Vietnam me liberó a mí y a otros escritores, porque hizo que el liderazgo y los motivos de nuestra nación parecieran incoherentes y, en suma, estúpidos”); la destrucción de nuestro hábitat (“hemos malgastado los recursos de nuestro planeta, incluidos el aire y el agua, como si no existiera el mañana, y ahora resulta que no lo habrá”); su propio arte literario (“va de hacer chistes mientras matamos a todos los peces del mar y quemamos los últimos efluvios, gotas y pedazos de combustible fósil”). El hombre sin patria que habla en estos ensayos vive la época de George Bush y sufre por ella, pero (no hay sorpresa) leído hoy parece estar hablando de nuestro tiempo. Su manera de percibir el mundo se mantiene contemporánea, al menos para muchos de nosotros, sus miedos (su humor) y sus esperanzas aún nos habitan. Habla de acuerdo con la idea de que no hay patrias porque lo que cuenta es la humanidad, una animalidad humana que comunica la existencia de todas y de todos con el mundo, pero hay algo más que eso: habla como un hombre en conflicto con su patria. No bajo la demagogia de proponer que Estados Unidos es peor que el resto de los países (aunque sí diga que es más poderoso y que eso tiene consecuencias tremendas), sino con la ética de quien puede hacer una crítica de lo que su pueblo ha realizado o ha permitido que suceda.

Vonnegut es un humanista sin fe en la humanidad y defiende con ternura el socialismo, a Marx y a Jesús. Reniega de la etiqueta de escritor de ciencia ficción (aunque “las novelas que obvian la tecnología falsean tan gravemente la vida como lo hacían los victorianos al obviar el sexo”) porque su verdadero tema es la comunidad, el individuo en comunidad. Alegre y sombría a la par, su perspectiva suele mostrar dos lados: “somos animales bailarines”, nos dice amoroso en un oído y, en el otro, “nunca han existido las buenas épocas, sólo ha habido épocas”.

 

Kurt Vonnegut, Un hombre sin patria, Cía. Naviera Ilimitada, 2020, 128 págs.

1 Jul, 2021
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