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Your Mother Should Know: Brad Mehldau Plays The Beatles

Brad Mehldau

MÚSICA

Comencemos por el final. El disco Your Mother Should Know: Brad Mehldau Plays The Beatles concluye con una canción en principio exógena y cuyo título formula una pregunta: “Life on Mars?”. Parece un contrasentido, pero ¿lo es? “Es en la frente torturada de América / Que Mickey Mouse se ha convertido en una vaca / Ahora los trabajadores se han declarado en huelga por la fama / Porque Lennon está a la venta otra vez”, canta David Bowie, y esa podría ser la conexión textual con los fab four que una música instrumental borra. Nos queda sólo el interrogante del título, que podríamos reformular a los efectos de la empresa de Mehldau: ¿hay vida traducible fuera de las canciones que los Beatles tapiaron? ¿Cómo puede manifestarse? Todos los intentos de reescritura han sido problemáticos, inclusive los de la llamada “alta cultura”, cuando Luciano Berio intentó ir más allá de los objetos de referencia, sólo para que el oyente sintiera la necesidad de volver a la fuente original.

Mehldau es un artista fuera de norma, es decir, excepcional por donde quiera vérselo y escucharlo. La erudición musical es también literaria y ensayística. Lector del Talmud, de Harold Bloom y Terry Eagleton, piensa por lo tanto como músico en un juego hermenéutico que estire la vida de los objetos. Y ahí, los Beatles.  Antes de este disco, ya había grabado “Blackbird”, “Martha My Dear”, “She’s Leaving Home”, aunque entonces como parte de un abordaje más amplio de sus intereses por fuera del jazz (Radiohead, Nick Drake, Nirvana, el rock progresivo en su maravilloso Jacob’s Ladder).

En 2020 decidió convertir a los Beatles en un proyecto más abarcador que es interesante poner en diálogo con otra lectura de lo clásico que lo había precedido: After Bach, de 2018. Mientras que en Bach había una pretensión de ir más allá de la escritura cristalizada (el after), con los fab four renuncia a toda pretensión derivativa. Las canciones son tratadas como “miniaturas”, como el mismo pianista las denominó.  El valor conceptual de la miniatura proviene de uno de los pequeños grandes artefactos del romanticismo, el fragmento. Friedrich Schlegel, una de las figuras del llamado círculo de Jena que funcionaba a su manera como un grupo de vanguardia, lo consideraba “una pequeña obra de arte, completa en sí misma y separada del resto del universo como un erizo”. La forma literaria del fragmento ha sido el aforismo. Su correspondencia musical, el lied. La relación música y texto de esos ciclos de canciones en los que descollaron Schubert y Schumann era muy diferente de lo que podía ser entonces una canción popular. La línea melódica puede ir del piano a la voz y viceversa, o ser sometida a otros procedimientos. En ese sentido, la independencia del canto se vuelve relativa: no es inteligible completamente sola. Hay una ambigüedad deliberada, una fusión incompleta. A su modo, las canciones de los Beatles presentaron esos mismos rasgos. Se trata de objetos cerrados, escritos en los estudios de grabación, que sólo fueron abiertos por la corporación Apple a los efectos de una nueva masterización y mezclado. Pero siempre iguales a sí mismos. Si las actualizaciones tecnológicas del corpus beatle se apoyan en las posibilidades de la compresión del rango dinámico (el mejoramiento de las señales de audio), Mehldau opta por una alternativa de honda comprensión del núcleo retórico.

No se trata de una cuestión menor. La pregunta sobre la vida de esas canciones más allá de sus registros históricos ha presentado siempre un desafío interplanetario. No suele ser de este mundo (del arte) la paráfrasis beatlesca. Mehldau lo sabía de antemano, pero su sutil obstinación ha dado frutos. El disco elude con gracia las pretensiones expansivas del jazz. Memoria y afecto son las credenciales para entrar a un territorio “emocional y específico”, según sus palabras, y sólo por un par de minutos. Evocación peculiar, deberíamos decir, la de Mehldau: él mismo reconoce haber descubierto tardíamente a los Beatles. Meet the Beatles era el único disco que tenían sus padres cuando era niño. Lo demás vino mucho más tarde.

Ellos fueron luego una matriz. Qué mejor entonces que llamar al disco Your Mother Should Know. El proyecto es también un modo de dirimir preferencias entre Lennon y McCartney. El pianista se inclina levemente por el segundo; advierte en sus melodías una latencia schubertiana. Por lo demás, “I Saw Her Standing There” irrumpe como un boogie. “Baby’s In Black” se acerca al himno góspel, distanciado de un referente como “She Said, She Said”. En la versión de “Here, There and Everywhere”, Mehldau se apega a la melodía, pero, jazzista al fin, la rearmoniza. Una salida tradicional de un material canonizado, podría decirse. Mehldau piensa en Herbie Hancock, y lo que hizo con Miles Davis, en un contexto de improvisación. Sin embargo, le da una vuelta. Afecta la verticalización (lo armónico), pero sostiene lo prístino de una melodía diatónica sobre la base de un trasfondo más cromático. ¿Qué lo diferencia de una versión de hotel cinco estrellas o de crucero? El toque, el pequeño giro, el detalle: una biblioteca. En “I Am the Walrus”, Mehldau obra en el sentido contrario. Toda la complejidad añadida por George Martin y Lennon, desde los glissandos de las voces, el uso de las cuerdas y la introducción de la cita de una obra de Shakespeare tomada de la BBC, añadiduras que tensaban la forma canción, son acá sustraídas: queda el esqueleto, adornado por un acompañamiento sutil en el que se detecta el punto de desvío, la marca autoral. El propio pianista reconoce que “pasan muchas cosas” en esa canción y sus secciones, pero él opta por condensarlas. Esa es una de las grandes virtudes de un disco sobrio y a la vez potente: la belleza de lo nimio.

El disco sobre los Beatles se ha construido con reverencia contenida, si tenemos otra vez en cuenta el virtuosismo y desparpajo de Mehldau. Cierto recato, agreguemos. Lo contrario del frondoso libro que se editará a mitad de marzo y que él ha definido como “mi bildungsroman de no ficción”. Se llama Formation: Building a Personal Canon. De acuerdo con las informaciones existentes, el pianista habla de su adopción, y de cómo superó el trauma de los abusos sexuales y la adicción a la heroína. Libros y discos (de James Joyce y Thomas Mann a Gentle Giant y Bob Dylan). Años de educación y despliegue forman también parte de este tour de force.

 

Brad Mehldau, Your Mother Should Know: Brad Mehldau Plays The Beatles, Nonesuch, 2023.

2 Mar, 2023
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