LITERATURA ARGENTINA

Acercarse al último libro de poesía de Oscar del Barco, Cual, requiere alejarse de algunos caminos a los que la gramática nos destina: mayúsculas a un lado. La mayúscula indica una exageración ontológica. “libro”, “poesía”, “oscar del barco”, “cual”. Tampoco esperemos puntuaciones o comas o intervalos que no sean la mera escansión del poema en versos. No es la primera vez que Oscar del Barco se libera de estos artificios para soltar los diques de su lenguaje poético. En las campanas no tienen fin, o en espera la piedra, por ejemplo, estas omisiones despojan la carga metafísica de la gramática poniendo en un mismo nivel palabras como “muerte”, “cruz”, “dios”, “ser”, “reino”, “pájaro”, “padre”, etcétera.

El título también señala algunos corrimientos. El cual, la cual, tal cual; el pronombre relativo refiere —según el diccionario— a un antecedente e introduce una oración subordinada relativa. Sólo que aquí nos queda el pronombre: cual. En este sentido, Cual señala un espacio, abre al lenguaje a un vacío impersonal, sin referencias, por donde puede asomar aquello que “no es”.

En ese espacio abierto por el “cual”, “no vamos ni venimos”, los muertos viven y los vivos mueren, “el ciego ve sin ojos”, se insinúan la locura, la muerte, la crueldad, el otro y el sí mismo en su miseria. La vejez, el dolor, la sonda (que no conoce límites en su profundidad). El amor y la agonía, la luciérnaga y el incendio de sus alas. Entra por ese agujero todo lo que sistemáticamente la puntuación exilia en el afuera.

Podríamos decir que el “cual” es el lugar del fantasma y del simulacro. Es el lugar del fantasma en tanto insistencia, repetición, locura monomaníaca; y es el simulacro de ese sí mismo, lugar de una experiencia destituyente de toda identidad. Fantasma y simulacro, porque la escritura poética de este “cual” no se desliga de ese nombre sino que reemplaza ciertas dimensiones del lenguaje que recurren a una identidad cerrada y referible (¿cuál Oscar del Barco?).

En este mismo sentido podemos preguntarnos: ¿qué, en este poema, es símbolo?; ¿qué es signo?; ¿qué es significante? Introduzco estas preguntas frente a la perplejidad a la que nos expone una lengua desatada, liberada, y que parece avanzar sobre imágenes que chocan con el cuerpo o los cuerpos, que lo(s) despedazan y lo(s) tienen como horizonte (“el misterioso cuerpo”). En este sentido, el símbolo de la cruz, caro a la pintura y la poética de Del Barco, transita este largo poema acompañando ya no su trascendencia divina, sino su encarnación. El símbolo de la cruz está desbordado por el cuerpo, por la evidencia indiscutible del cuerpo. Así, si la cruz es símbolo, no redime, no religa, no muestra, no oculta… ya no es símbolo.

Entonces puede ser una referencia. Signo de aquello que llega (el sinsentido, la contradicción, el sufrimiento) en la promesa de lo que no llega (“el reino que no llega”). Pero el problema con el signo es que por definición está allí para alguien. Desde alguien para alguien. Pero en este poema no hay nadie que comunique ni nadie a quien referirse. El “cual” no a la comunicación sino a un margen en el cual el habla se encuentra dislocada.

Significante. Sí, en cierto sentido “cuerpo”, “sangre”, “carne”, “cual”, “oscar”, “del”, “barco” no son más que palabras (“me pregunto si eso existe o sólo es la palabra que pone la / existencia ante los ojos para que surja en la infinitud del / lenguaje”). Palabras que hablan en el silencio, que se erigen desde el vacío, que solamente representan a un “cual” para otro “cual”.

Pero quizás podríamos pensar, mejor, en marcas (“una cruz recibió al recién nacido”), porque vivimos en “lo que falta”, y esa falta no cesa de no escribirse. Porque la muerte acecha, pero a los noventa y cinco años, tal vez sea una compañía constante… y a pesar de eso la vida, y a pesar de eso las luciérnagas.

 

Oscar del Barco, Cual, Activo Puente, 2022, 120 págs.

2 Mar, 2023
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