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Tanatocresis

Silvio Mattoni

LITERATURA ARGENTINA

La obra poética de Silvio Mattoni puede pensarse como una línea que se tiende, a modo de interrogación, sobre tres cuestiones: la vida, la muerte y la poesía. Estas líneas se cruzan, se atan, se desatan, vuelven sobre sí y dan respuestas renovadas en cada libro. En ese contexto el poema no es, en su mínimo, sino aquello que conecta la línea Mallarmé-Carrera con el sonido sin par del grillo que resuena solo en el vacío de la tarde, y es la vida que insiste, o, mejor dicho, lo vital, presente siempre bajo la forma del ritmo.

En Tanatocresis (palabra que refiere a formas de vida que aprovechan restos, como el cangrejo ermitaño que habita valvas abandonadas de caracoles) hay algo más: el libro surge como reunión de voces de amigos muertos y, una voz más en esa reunión, sopesa lo que hay y lo que no hay. Lo que hay son las palabras que retornan, es el teatro de las voces que interpelan a una conciencia que lucha contra el olvido, a la vez que se deja ir. Y el poema es una respuesta efímera: testimonio de una presencia, constatación de una falta que se afirma y que, entre lo corporal y lo incorpóreo de la experiencia mortal, marca su cadencia, una cadencia que Mattoni maneja con soltura y no abandona. A ella se acomodan los discursos de la física, la crítica literaria, los consejos de escritor, el habla cotidiana. La poesía es ahí un salvoconducto: escenario del teatro, tiende su invitación a la comparecencia.

La escritura aparece como un gesto que demora un poco la partida definitiva del amigo, pero al mismo tiempo inscribe al yo lírico en la línea de lo que tiene que desaparecer y, de hecho, a pesar del gesto marcadamente autobiográfico, desaparece, para dejar una voz inmaterial que sopesa las cuestiones con desapego, y deja, en la elegía, su sello único: grave y ligera. “Y aunque seamos un ruido entre dos nadas / que al menos tenga un juego, una alegría / o una angustia expresivas”, dice, y ubica, como única posibilidad de sentido, el juego con las palabras, la manifestación de una vida que pasa.

Lo dice también en las entradas del diario —coetáneo de la hechura del libro— que acompaña a los poemas, en los que, lejos de efusiones descarnadas, o minucia vivida, nos encontramos con el mismo ejercicio de prestidigitación que habla y calla al mismo tiempo para exponerse como teatro de voces, matriz de pensamiento.

La vida, la muerte, la poesía, dice, está hecha de estas cosas: las charlas entre amigos, las ausencias, los recuerdos, la insistencia en vivir el momento. La poesía es esta conversación infinita. Mattoni nos hace partícipes, e ilumina un poco la materia de este mundo: “prendo / un bichito de luz antes de que amanezca / y el día opaque su indeciso fulgor”. Si se lee este libro, se está, mientras dura, invitado a compartir ese fulgor de la amistad, de la poesía, de la vida misma.

 

Silvio Mattoni, Tanatocresis, Borde Perdido Editora, 2018, 100 págs.

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