LITERATURA IBEROAMERICANA

Ante Furia, de la poeta y narradora oaxaqueña Clyo Mendoza (1993), nos encontramos con un panorama o, mejor dicho, un paisaje común a cierta tradición mexicana: el desierto como “doble” que hace las veces de fondo y de forma en vías de canalizar la narración. En cuanto al páramo desértico en su acepción de fondo, este se nos muestra como espacio por donde deambulan Lázaro y Juan, principales personajes de la historia, pero donde también se han labrado las vidas de María, Jesusa, Salvador (hasta aquí nombres de connotación bíblica), Cástula, Daniela y Vicente. Empezando por el último, quien es, en suma, el que deja un río de congojas tras su intervención seminal, uno podría teorizar en torno al oficio que desempeña: se trata de un vendedor de hilos y su métier se tensa con la historia a la manera de una iterativa sucesión de redes que se cruzan conformando un ovillo. Y como se sabe, la arquitectura de un ovillo no describe un patrón recto; es similar a una expansión orbital: los entrecruzamientos entre Lázaro y Juan, soldados que escapan después de la ejecución de un niño, se intercalan de forma caótica (sexuales, oníricos, dramáticos). La expansión que le sigue tiene las características de una supernova, extendiéndose hasta su extinción. Y una vez extinto el ovillo, la historia arranca de nuevo, apareciéndosenos como un comienzo, un recomienzo. Desde allí descubrimos (en ocasiones desde la perspectiva de Juan, a veces desde la de Vicente, y por momentos ya no sabemos desde cuál), la biografía de María y la de su hijo Lázaro, quien se ve obligado por las vicisitudes y presiones de una época a ser un hombre normativizado.

En cuanto a lo desértico de la forma, Mendoza abreva de la tradición que incluso precede a Juan Rulfo, en una economía de recursos. Su escritura es seca y precisa, sin ornamentos estilísticos, ni juegos fonemáticos, ni escansiones en la distribución morosa de la prosa. El juego pasa por cierta magia (negra), cierto retorno a lo chamánico, lo pagano, a un tipo de retórica mitológica de los pueblos que pertenecen a la cultura zapoteca. Esto hace pensar, sí, en una reinterpretación de los valores literarios que definieron a la república mexicana de las letras, república que alberga dentro de sí a baluartes de fuste.

Resta ver qué sucederá en los próximos diez, veinte, cincuenta años, frente a una literatura que supo entronizar el desborde lingüístico (de Paz a Margo Glanz, pasando por Salvador Elizondo), y que ahora juega sus fichas más fuertes en la parcela contenidista de la prosa, aunque quienes las muevan sean identificados como exponentes que provienen del campo de la poesía.

 

Clyo Mendoza, Furia, Sigilo, 2021, 256 págs.

4 Nov, 2021
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