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La mujer zorro y el doctor Shimamura

Christine Wunnicke

OTRAS LITERATURAS
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Un neurólogo japonés viaja, a fines del siglo XIX, a París, pagado por el Estado imperial, para estudiar los avances en psiquiatría liderados por Charcot en el Hospital de La Salpêtrière. Una noticia de diario, al inicio de la novela, da cuenta de que el punto de partida es un dato comprobable. Podría ser un homenaje, una novela histórica, una reconstrucción de época llena de admiración hacia el nacimiento del psicoanálisis. O una crítica. No se trata de eso. Ese joven profesor japonés, antes de viajar, había sido enviado por su maestro a investigar, en el campo, una rara dolencia que figura en las tradiciones de la cultura nipona: la enfermedad del zorro, llamada kitsunetsuki. Se cree que quien la padece está poseído por un zorro. Sus síntomas son antojos, apatía, aversión al contacto visual e inquietud. Se puede curar mediante una especie de exorcismo, pero el sanador queda expuesto a absorber él mismo el espíritu del animal. A partir de una sanación, el protagonista sufre de fiebre, está enfermo: ¿de tisis?, ¿de la enfermedad del zorro?, ¿tiene delirios?

El texto explora, con un humor que va de la ironía a lo absurdo, esa zona indiscernible de las llamadas enfermedades mentales, su diagnóstico y su estudio, y despliega un espacio cruzado por la superchería y la ciencia, la cura por el hipnotismo y los exorcismos, la leyenda y la investigación. A mayor profundidad se abre la tensión irresoluble, como una imposibilidad de comunicación, entendimiento o traducción, una inconmensurabilidad, entre Oriente y Occidente, que es tan impalpable y ubicua como la que hay entre los géneros, o la que hay entre realidad, memoria, fantasía y puesta en escena.

Si la histeria tiene que ver sobre todo con un teatro, grande o pequeño, que asigna roles y hace circular el deseo como la interpelación suprema, no es ajena a ello la prestidigitación, o el acto espectacular por el que un profesor dicta una clase o un médico renombrado hace comparecer a sus pacientes para una presentación que es casi una gala lírica. Los personajes, como en una linterna mágica, transitan estos lugares, y no sólo el protagonista, Shimamura, sino también los ayudantes, y los nombres de los médicos que están al inicio del psicoanálisis, Breuer, Turaint, Charcot. Se abre ahí otro espacio más: el de la folie à deux, o delirio compartido. Delirar con otro es, en definitiva, lo que Christine Wunnicke nos invita a hacer: los personajes y las historias viran, se contaminan, varían; hay intermedios entre géneros (con la escenificación de una histeria masculina), entre reinos (devenires animales), entre culturas, y el núcleo de la narración mismo no se puede determinar con certeza.

El libro es fascinante, maneja la indeterminación con una maestría contagiosa, nos lleva de la mano por este viaje y nos deja, a través de la risa, dudando de todo: de la memoria, la salud mental, la ciencia y la leyenda. En tiempos de primacía de la autoficción, este destello de imaginación y libertad es un aire puro que afirma: “¡Frágil, frágil, la vida!”.

 

Christine Wunnicke, La mujer zorro y el doctor Shimamura, traducción de Richard Gross, Impedimenta, 2022, 189 págs.

1 Dic, 2022
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