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Los cuentos de Linnet Muir

Mavis Gallant

OTRAS LITERATURAS

La etiqueta writer’s writer (“escritor para escritores”) se suele reservar para autores que fueron muy admirados por sus pares, pero por alguna razón no disfrutaron de un éxito económico o cultural acorde con dicha admiración. Generalmente se asocia a la idea de un carácter pionero, a escritores que generaron algo nuevo que subsecuentemente habrá inspirado a otros que sí recibieron su reconocimiento merecido —se podría argumentar que detrás de todo escritor exitoso hay otro que fracasó gloriosamente—, pero también están los escritores que inspiraron a otros sencillamente porque su escritura es genial. Mavis Gallant cae en la última categoría, citada como ejemplo por escritoras de la talla de Margaret Atwood, Alice Munro y Jhumpa Lahiri (y muchísimos autores varones también; de hecho, la traductora Inés Garland atribuye su descubrimiento personal a Leopoldo Brizuela). Los cuentos de Linnet Muir es una recopilación de Gallant en sus momentos más autobiográficos. Linnet Muir es una especie de alter ego que experimenta cosas muy parecidas a las que experimentó Gallant en su vida joven: una niñez excéntrica, con el paso por colegios religiosos y de pupilos; padres que supieron ser disfuncionales no sólo en vida, alternando el afecto y la negligencia, sino también en la muerte (cuando falleció el padre, se le insistía a la pequeña Gallant que sólo se había ido a Inglaterra, una mentira que se mantuvo por años); y la independencia precoz y los principios de una vida profesional en un mundo machista al que se negaba a someterse. Todos los cuentos de este volumen están situados en Montreal, antes y durante la Segunda Guerra Mundial, y la ciudad y su sociedad son dos de los personajes más fuertes. Es un ambiente gris y austero, perseguido por las fantasmas de la Gran Depresión, las privaciones de la guerra y las divisiones culturales entre los residentes de ascendencia inglesa y francesa, que Gallant resume de manera magistral en pocas líneas, sin nunca caer en la exposición estéril; sus edificios y calles respiran tanto como su gente. En esa maestría reside el principal placer de leer a Gallant; sus construcciones habilidosas, el uso prodigioso de la ironía, que en sus manos asume una riqueza y profundidad que demuestran que, además de una objetividad devastadora y una inteligencia brillante, la buena escritura irónica también necesita de cantidades importantes de amor (y de odio, obvio). Miren, por ejemplo, los retratos de los padres de Linnet, que rebosan de afecto y humor a pesar de que Gallant casi no describe interacciones tiernas ni empáticas. Y eso se aplica también al personaje de Linnet, al que Gallant mira con una combinación de cariño, exasperación y admiración para la persona “que alguna vez fue”. Garland comunica todas estas calidades de manera extraordinariamente efectiva y su prólogo es conciso y útil. Su compilación de estos cuentos tiene una lógica convincente, en particular dado que, inexplicablemente, ninguno fue incluido en la compilación que publicó Lumen en 2009; sin embargo, parece importante advertir a los lectores que no hayan leído a la escritora canadiense que el proyecto de Gallant nunca fue autobiográfico a la manera de, digamos, Lucia Berlin, quien usa sus memorias y experiencias de manera recurrente para ir agregando más capas a la imagen general. Los seis relatos incluidos aquí fueron escritos para leerse solos y estaban esparcidos entre una obra de más de cien textos. Lo que es sólo una manera de decir que, para el lector que se haya entusiasmado con esta colección, hay mucho más por descubrir.

 

Mavis Gallant, Los cuentos de Linnet Muir, selección, traducción y prólogo de Inés Garland, Eterna Cadencia, 2019, 152 págs.

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