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En un pozo de marea

Alan Talevi

LITERATURA ARGENTINA

En Introducción a la literatura fantástica, Tzvetan Todorov señalaba que los géneros son puentes por los cuales la obra entra en relación con el universo literario. Si partimos de esta idea, resulta más fácil abordar el nuevo libro de Alan Talevi, ya que pertenece, precisamente, a aquel sector de trabajos inclasificables, obras que, al decir de Maurice Blanchot, niegan el poder de fijarles un lugar y de determinar su forma. Ensayo, relato, crónica; poema, memoria, paper. De esas fuentes se alimenta este texto —si no más— para entablar desde ahí esa relación que mencionábamos.

El lenguaje como virus, las posibilidades fácticas e imaginarias de la creación y el camino de la palabra hacia la música componen las grandes líneas temáticas que entrecruzan el libro. La organización de la voz puede ser decididamente caótica, pero no su organicidad. Desde la primera página, el tono científico va desplegándose y replegándose sobre su propia superficie que, a pesar de una fingida lisura, posee grietas y ondulaciones. Allí se nos plantea el temor de que la voz humana llegue a ser captada por los códigos que las ciencias le ofrecen a la especie, igual que círculos cerrados que la abarcaran por completo.

Pero en ese momento la poesía sale al cruce a través de una cita: “Cuando el paramecio desea renovación, fuerza, se acuesta con otro paramecio” (Muriel Rukeyser). Con ella, el código —aun bajo la luz del cómputo— admite la existencia de otro ángulo sobre sí mismo. Se despierta así la imagen como la facultad de desprendimiento y postulación de lo que el ser también es: “En organismos eucariotas, como un mono o un árbol, el mensaje genético residirá en el núcleo de la célula. Lo circunda un retículo endoplasmático, que visto desde arriba puede recordar / el corte transversal de un hormiguero / el infierno de Dante / un laberinto”.

De ahí en más, el análisis del evolucionismo, tanto en Lamarck como en Darwin, se verá afectado por la experiencia personal y se nos llegará a decir que “sólo las especies evolucionadas aprenden a disfrutar de lo desagradable”. El hilo conductor cambia. Ya no transmite únicamente las cadencias del código; agrega a su vez la respiración. El zumbido de la inteligencia artificial se ve abordado por el aliento, que viene cargado de historia y percepciones. Este, para espejarse, nos remonta a la habitación en la que John Locke zurce una media y se pregunta cuántas veces uno puede emparcharla sin convertirla en otra cosa, “una cosa cuyo valor se calibra por su daño”.

Entonces, repetición y diferencia quedan enfrentadas en una contradicción irresoluble y ambivalente. “La insistencia es como un puño pesado y anónimo que llama a la puerta por la noche. Pesado y predecible, preciso como el miocardio de un rapero. Pasa y vuelve. Rima y ritmo. La evolución se basa en un tipo de escritura no creativa”. Basho, el poeta del sonido esencial, es invocado para afirmar la persistencia de lo que muta siendo idéntico a sí mismo. El haiku, en tanto género, con la regla de sus sílabas y los vínculos establecidos entre las imágenes que porta cada verso, se transforma en la obra que destruye y al mismo tiempo consolida: “Todas estas cosas serán tuyas si encuentras la combinación de sonidos adecuada, la música correcta”.

De este modo, la figura del pozo de marea condensa la fragua que el sujeto del poema —o poético, si se quiere— implica para la lengua. En su cuerpo confluyen los códigos genéticos, tanto para reiterarse como para reprogramarse, en repetición o en diferencia, en desistimiento o en perseverancia, porque el libro a escribir es siempre uno, único e irrepetible, que estira sus puentes hacia lo escrito y lo porvenir, pero manteniéndose siempre indisoluble.

 

Alan Talevi, En un pozo de marea, Cuero-Fanbook, 2022, 58 págs.

8 Dic, 2022
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